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Ilustración:
pintura de la artista visual argentina Beatriz Palmieri, “El viejo oráculo” |
Se vivían días de zozobra. El oráculo temblaba
carente de respuestas ante la andanada de preguntas escupidas por los
dioses. ¡Tal era el lío!
Que si no, que si, sí.
Que quién sabe; que yo sí, se.
Que aquello es así; que lo otro es asao.
Que: ¿qué me van a decir si al final quién
sabe más que yo? Ninguno.
Los interrogantes vertidos desde la soberbia
más irracional parecían espirales en las que se trenzaban las respuestas
ahorcándose mutuamente. Unas tímidas, las otras más atrevidas pero sin dejar de
ser las mismas que propinaran desde años atrás, cuando llegaba la época de las
consultas desesperadas y el oráculo desvirtuado, chorreando aceite rancio,
comenzaba a dar sus vueltas vacías.
Algunas interpelaciones sonaban como
edulcoradas, pretendiendo contrarrestar a las otras donde el azúcar se
convertía en una especie de melaza que resultaba amarga de tanta dulzura. Dialécticamente
empalagosa, pegajosa. Demasiado.
Tan falsa como la edulcorada.
Algún pitón desdentado, asexuado, con su
trasero apoyado sobre una roca fría, áspera como la realidad que se
desarrollaba en ese tiempo de mañanas inciertas, sonreía mirando un futuro
incipiente condenado a nacer tan maltrecho como el pasado donde había sido
engendrado.
Mientras tanto, el oráculo seguía danzando su
monótono giro repetitivo, aburrido, casi anquilosado, sin atreverse a asegurar
qué carambas iría a deparar el futuro cercano que pudiera ser diferente. Nada.
Una tormenta anunciada seguía durmiendo su
siesta dejando boquiabierta a la profecía que la anunciaba irresponsablemente. La
tormenta sabía bien que aún no había llegado su tiempo. ¿Valía la
pena dejar su marasmo en medio de semejante revuelo?
Gnomos del bosque de cemento charlaban
divertidos, restándole importancia al concilio de profetas iluminados por halos
de insensatez extrema, que como siempre, seguían elucubrando fantasías
apocalípticas. Estúpidamente agoreros.
-Esta pelea no es nuestra, comentaban. Al fin,
todo seguirá como hasta ahora.
De momento.
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