Mostrando entradas con la etiqueta Nechi Dorado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nechi Dorado. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de abril de 2013

¡Plantar banderas!





Nechi Dorado

El Leviatán, acovachado en el presente
que pierde, inexorable,
lanza aullidos hacia donde despierta,
nuevamente,
la voz de América toda,
unida en la victoria.

Surca su mar de inmundicias,
arranca granos de arena de la historia
y se revuelca confundido
en su propio excremento.

¡No ha podido alcanzar aquella sucia gloria
elucubrada en la oficina de la muerte!

América despierta nuevamente,
desperezándose en mañanas de promesas,
arranca gritos de amor
siembra esperanza,
y nada puede detener el galope que arrastra
el brillo de una Espada que surca el continente.

Entre el sonido sublime de las cadenas rotas
se escucha un dulce trino que acaricia a la vida,
vuelve veloz, arremetiendo a contraodios,
venciendo al Leviatán,
cerrando heridas.

Se unen las manos, se vuelven de repente
Puño cerrado, puño de acero y sangre,
Puño de patria o muerte,
¡Puño de patria y vida!
Amasado en barricadas de amor y de conciencia.

Las lágrimas que ayer mojaran las mejillas
estrujando corazones,
se convierten, de repente, en
sustancia, conciencia y compromiso.
Los fusiles se aprestan
A disparar palabras.
¡Solo eso disparan, palabras y alegría!

Un  grito unido de amor rompe fronteras,
ensordeciendo a la bestia
que cae desplomada por su propio peso.
Más allá de intrigas y ambiciones:

¡Aquí, Latinoamérica señor,
Aquí, Latinoamérica,
Vuelve a plantar banderas!


14/04/2013

viernes, 15 de febrero de 2013

Nueva novela de Nechi Dorado: Cuca y el nido alborotado




Nechi Dorado

Una tarde serena, de esas que hacen pensar que el mundo se detiene ante tanta calma, el nido también se alborotó.
Aunque en realidad el que estaba como detenido era el mundo humano, o lo más parecido a ése. Pero el nido también formaba parte del orbe. Era un submundo del cual emergían insectos con acceso a las altas esferas gracias a esa persistencia que tienen algunos bichos capaces de trepar, volar, confundir, alterar, hasta alcanzar sus propósitos por más repugnantes que parezcan.
Esos “parásitos” de la orden de los dictiópteros, nocturnos y corredores, que muchas veces también salen de día, vale asegurar que nunca están quietos. Contradiciendo las teorías del hombre que cree haber alcanzado todo el conocimiento, toda la sabiduría, pero que en realidad no ha logrado la capacidad necesaria como para introducirse por agujeros minúsculos, tan abocado como está a los grandes descubrimientos.

La cucaracha mayor a la que todos llamaban Cuca cariñosamente, dijo que era llegaba su tiempo de descanso y que habría de cumplir con eso. Sugirió que otra debería tomar su lugar y esta situación exigía rapidez de acción. En ese momento y luego de esas palabras, comenzó la agitación.
Su actitud despertó la conmoción, mucho más la incentivaron los argumentos que utilizara el insecto para detener ese camino tantas veces recorrido, atravesando los albañales, basurales y todo lugar donde hubiera comida o desperdicios.

Cuca no se esforzó por crear argumentos válidos, simplemente se despidió parafraseando aquel aire popular mexicano que decía “la cucaracha ya no puede caminar”.

La originalidad no era la característica del insecto o insecta, no se, porque las cucas son seres asexuados, me contaron.

Todos los bichos del nido sabían que era una mentira, sus patitas, aunque más lentas, bien podían seguir trasladándose. Además, ella era la Cuca reina, no era importante que se moviera sino que dirigiera y eso, hasta aquella tarde, lo venía haciendo muy bien. De hecho cuando fue elegida reina del nido, alcanzó ese sitial por su impecable trayectoria. (Uno muchas veces minimiza a esos insectos y ese es un error tremendo, porque piensan demasiado aunque la ciencia no avale esta teoría)

Ahí fue cuando todos comenzaron a preguntarse:

-¿Qué le pasa a Cuca?

Algo le molestó a ella o a las cucas que nunca se ven, pero que están y dirigen con más fuerzas desde el silencio.

-¿Acaso se convirtió en un trasto inservible? Se preguntaban todas.

(No olvidemos que ellas son de hábito asociado lo cual no quiere decir que mantengan lazos de amistad sincera siquiera entre ellas)

Presurosas, cucas y cuquitas comenzaron a dialogar sobre cuál sería la afortunada que fuera capaz de dirigir a todo el nidal. Era una tarea analítica muy severa, casi ciclópea, nada podía librarse al azar.

Por supuesto, decían, los agrotóxicos que utilizan los humanos, cada día son más fuertes, ellos alcanzaron grados superlativos de organización y fueron capaces de exterminar todo tipo de vida.

-¡Nosotras también alcanzamos esos grados!, agregó una muy competitiva.

-Hay que buscar, para el reemplazo, a una cucaracha que ya haya aprobado el examen de mutación, que resista los embates y sea capaz de permanecer inmutable a las nubes tóxicas, dijo la más audaz pero en voz baja.

Tengamos en cuenta que las cucarachas nunca hablan a viva voz para que sus planes conspirativos continúen enroscados dentro del hermetismo ancestral.

-Hay que buscar, incluso, una que resista las más altas dosis de radiación, por las dudas. Hay que cubrirse, pensaban, el hombre está demasiado agresivo y no se puede confiar en él, seguían murmurando dentro del agujero adonde sesionaban.

-Cuca nos arruinó la vida, dijo la cucaracha con mayor desarrollo de espíritu crítico a la que llamaban Critis.

-¿Por qué tanta seguridad? Preguntó un coro de antenas convulsionadas.

-Muy simple, respondió Critis, somos más de cuatro mil quinientas especies, cada una tiene su propia trayectoria. ¿Cómo habremos de ponernos de acuerdo? Hay que conciliar costumbres, tradiciones, conductas socioculturales, agregó. ¿Creen que es tarea fácil?

-¡Esto es absurdo! Dijo otra, exaltada. ¿Vamos a olvidar que nuestro propósito, estemos donde estemos, siempre es el mismo? ¡Chicas, tampoco es el momento de elucubrar fantasías! Agregó mientras se exasperaba más, levantando su dedo índice y apuntando a la masa allí reunida.

Siguió diciendo: -Hagamos una lista de prioridades, ¡abortemos las ideas que no nos unan porque perjudican nuestro mañana!

Las cucarachas se miraron asombradas.

-¡Qué has dicho! Preguntaron todas espantadas casi como si un demonio hubiera penetrado por el agujero de entrada.

-¡Ohhhhhhh! Repitió el eco durante varios minutos.

-¡Esto ya se desmadró, así es imposible dialogar! respondieron otras.

Se dio por terminada la sesión esa tarde serena en la que parecía que el mundo se había detenido. En el horizonte avanzaba un escuadrón de nubes de tormenta, pero que no habrían de ser más que el anuncio de chaparrones aislados propios de la época del año. Y de las circunstancias.

-Mañana será otro día, agregó Critis, pensemos que algo, como siempre, se nos va a ocurrir.

-Afuera la noche está llegando, fíjense como las estrellas comienzan a marchar y cada día su brillo parece encandilar mucho más. Hay que seguir trabajando y con mucho cuidado, están en juego nuestras costumbres y debemos crear nuevas fuentes de engaño.

-El hombre, ya lo vimos, está cada día más agresivo, genera pobreza a pasos acelerados y ya saben ustedes, a los pobres no se les cae ni una miguita ¿De qué vamos a vivir nosotras?

Cuca quedó pensativa mientras su población se encaminaba hacia las cloacas del barrio.

jueves, 31 de enero de 2013

Preguntas repetidas cuando la poesía se viste de luto. ¡Hasta siempre, Ian Welden!


Ian Welden poeta y escritor chileno exiliado en Dinamarca


Preguntas repetidas cuando la poesía se viste de luto
¡Hasta siempre, Ian Welden!

Nechi Dorado

Hace un tiempo atrás cuando supe de la partida de un compañero y compatriota, poeta argentino, y como siempre me sucede en esos casos, tales alejamientos hacen que me formule preguntas que hasta el momento no pude responderme.
¿Será que me espanta eso que algunos mencionan como despedida final, otros como adiós definitivo y todos, al fin, llamamos muerte?
Me preguntaba entonces:
“…hay poetas y poetas. Unos escriben muy lindo. Son los que tienen música y tienen gracia.
Pero hay otros que escriben muy fuerte y se convierten en imprescindibles.
Es por los últimos que a veces me pregunto:
¿Está bien decir murió un escritor (narrador, poeta) cuando su corazón se detiene para siempre?
Creo que no.”
Esta mañana sentí el mismo interrogante y fue cuando América Comparini, hermana chilena en la poesía y los sueños, me dio la triste noticia de que esta vez quien se alejó fue Ian Welden.
Ian es –me niego a mencionarlo en pretérito- poeta, escritor, músico, cantante, artista gráfico además de humanista. Es uno de los tantos chilenos que debió enterrar sus raíces bien  debajo de la tierra que lo viera nacer, trasladando su tronco hacia otras latitudes cuando el odio tomara forma, cuerpo e idea en su Chile natal.
Fue Dinamarca la tierra que lo recibió y allí fijó su residencia para seguir hablando de las cosas lindas que suceden pese a tanto odio enraizado y de las otras, las que no hay que callar porque estallan en las venas.
Siento mucha pena, mucho dolor, mucha bronca,  cuando toca hablar de estos alejamientos forzados,  pero hay que hacerlo. Mucho más cuando quien se aleja, como lo hizo ayer Ian, deja el recuerdo imborrable por ser de aquellos que: “…tal vez salgan a formar escaleritas con esos libros que de tan altos que los ponen, no pueden alcanzar los que andan muy por abajo”.

Ian Welden: no te digo adiós porque no te fuiste, te saludo con un ¡Hasta Siempre hermano! Seguiré rondando tus letras, recordando tus consejos: “manda tus trabajos a esta página, o a esta otra” ese empuje que no siempre nos dan porque ya sabemos que también existen quienes se creen dueños de las artes y no conocen la grandeza de la solidaridad y mucho menos la de abrir caminos.
Porque a nosotros, Ian, lo charlamos muchas veces, en este mundo donde todo se compra porque alguien puso precios hasta al arte, no son muchos los que nos van empujando suavemente.
Ian Welden se fue, me dijeron. Yo prefiero seguir sosteniendo que hay personas que  nunca se van del todo, apenas se alejan un poco.
Comparto uno de sus poemas  a través del que sentí un aroma a despedida y a tristeza mucho antes de saber que se nos iba…
De pie, aquí al borde de la línea

De pie, aquí al borde de la línea
sabiendo que mañana ya no existe.
Sacos de puertas hechas triza sobre mis espaldas
y cenizas cuando finalmente entregue
todo lo que he pedido prestado.
Caminando hacia la tierra de nadie,
buscando algún sueño en mis bolsillos,
tanteando ciego el muro del atardecer
y calculando mis pérdidas en las estrellas.
Debo trepar a algún lugar donde ya estuve,
por ahí en mi alma siento la nostalgia,
voces amistosas que seguramente existieron
y vidas que tienen sentido al amanecer.
Nubes en mis manos
lluvias en mis pies
el mundo insiste en girar sin mí.
Y si el sol se atreviera a asomarse
tan sólo expondría mis pecados a la luz.
¿Dónde está mi canción?
¿Cuáles fueron los equivocados pasos
que me condujeron a este abismo?
Detenido aquí al borde de la línea final
sembrando piedras con mis dientes,
durmiendo en carcasas de viejos barcos abandonados
y mendigando besos entre las multitudes.


lunes, 21 de enero de 2013

Noches de azúcar amargo

Caza de indígenas para ser utilizados como "mano de obra barata"


Noches de azúcar amargo.
Por Nechi Dorado*

El sol  siempre curioso se iba a dormir, había echado un vistazo sobre la aldea y conocía que  no sería fácil cuando llegara su amiga, la luna.
En medio de un gran bostezo le hizo un gesto desde lejos mientras ella, siempre coqueta, asomaba por el horizonte. Se la veía bien redonda y queriendo iluminar al pueblo en una noche de enero de calor abrasador.
-Tendrás un trabajo feo, le dijo el sol a la luna antes de entrar en su cueva hasta el día siguiente.
Ella terminaba de ponerse colorete sobre las pálidas mejillas, le pidió a las tres Marías que le sujetaran el mechón que caía sobre su frente mientras guardaba el pincel de rocío que le arqueaba las pestañas y se ponía unos aretes tan grandes como la pena que habría de sentir  luego.
-Hoy voy a prender todas mis luces, le respondió a la advertencia del sol. Que por lo menos esa gente pueda ver por donde pisa.
Convocó a la Osa Mayor, a la Cruz del Sur y a todas las constelaciones para que por las noches fueran el manto que abrigara a los desplazados.

Siempre pasaba lo mismo entre los días de diciembre-enero. Habían llegado los hombres que buscaban a los indios para trabajar en la zafra porque de ellos dependía la cosecha aunque  no hubiera  nada, apenas la escasez para que no murieran de hambre aunque las tripas le siguieran crujiendo y el cuerpo se partiera de dolor y de llagas.

Puyjú sabía que  ya estaban los blancos en el poblado y además que no había modo de negarse a sus reclamos.
No le gustaba la idea. El pueblo estaba tranquilo en las márgenes del río, los pequeños ignoraban el destino que aquellas bestias les tenían reservado, porque con su llegada les iban robando infancia ya que sus bracitos también eran útiles en los días del ingenio.

En la cerrada  espesura de la selva, la propia naturaleza fue impotente para cortar el paso de los aniquiladores. El cacique del  pueblo sabía que no era bueno que su gente fuera arriada y también que era imposible negarse porque tenían fuego colgando de las cinturas. Irían atravesando su selva, días y días, noches y noches, desprecio y desprecio.

-Así nos pasó a mi padre y a mi cuando era pequeño, contaba Puyjú. Caminamos tantas noches, Ñamandú no pudo llegar, se le  llagaron los pies y fue perdiendo la vida con cada paso que daba.

Ñamandú, su hermano, quedó tirado por ahí, no hubo lágrimas, solo la madre tenía húmedas las mejillas. Ya ni sabía cuánto tiempo había pasado de aquella marcha asesina, murmuró con un suspiro el Sol.

La luna  estaba alta y aunque la espesura de la selva parecía impenetrable,  siempre inquieta logró que alguna rama se corriera  para dejar que se colara el brillo en sus segmentos lustrosos.
Los cazadores de indios llegaron, tenían caras como la piedra y en vez de hablar, gritaban como si hiciera falta.
La mujer de Puyjú cargó al niño más pequeño. Los más grandecitos andarían tras ellos con  pasos debiluchos, la madre iba llorando, entonces la luna se apiadó  y apagó la lucecita que iluminaba su rostro. No era bueno  mostrar  debilidad, eso enojaba a los hombres que marchaban  apresurados porque el tiempo  pasaba demasiado rápido y había  que  echar a los indios.

-Vamos, apúrense, andando que no nos queda más tiempo, gritaba uno, revoleando un lazo para matar rebeldías.

La caravana de indígenas comenzó su injusta marcha. En el ingenio situado muy lejos de allí, el ejército esperaba la llegada de la mano de obra barata aunque la suya también lo fuera y no se daban cuenta.
El indio tenía patrón de la boca para afuera.
Los milicos lo asumían, las armas que les entregaran los hacían sentir dioses. ¡Imbéciles! –insultó la luna por lo bajo.

Meses y meses duraba la travesía, algunos llegaban, otros quedaban insepultos por los caminos boscosos, yo besaba sus frentes mientras seguía iluminando el paso de aquellos pobres seres con  sus niños a cuesta.
La luna, que a veces estaba gorda, otras no podía soportar lo que veían sus ojos y revertía su mirada. Algunas noches desaparecía agotada en el dolor para aparecer luego y la tristeza debilitaba su brillo hasta que se recomponía.

El sol cumplía su turno y cuando  terminaba le hacía un guiño  para que apareciera en el cielo.

Una noche la hilera, aunque diezmada, llegó al ingenio. Durmieron bajo las estrellas hasta la mañana siguiente cuando comenzaron a preparar sus huetes con caña, troncos, paja y maloja.

Cuando comenzó la zafra muchos cuerpos esqueléticos se quebraron de dolor. Fueron pasando los años, rarísimas enfermedades comenzaron a llevarse a los trabajadores forzados. Los bolsillos de los dueños del ingenio se iban engrosando manchados por la sangre de tantos explotados.

Numerosos infantes fueron muriendo debido a las precarias condiciones de higiene y alimentación a las que eran sometidos. Otros nacían  difuntos,  negándose a ver el dolor que allí reinaba.

La luna y el sol siguieron turnándose, algunas veces el cielo les daba franco forzado, pues era tanto el llanto que brotaba de sus ojos que se convertía en lluvia sobre los cuerpos morenos forzados sin la más mínima clemencia.

Uno de los hijos de Puyjú,  de tan solo siete años, una mañana sin sol comenzó a toser extraño, su cuerpito estaba caliente, un par de veces se cayó mientras pelaba la caña. De su boquita sin risa brotó un hilo de sangre.

-Así estaba Nohien, el hijo de Allpa cuando una noche se nos fue, pensó Puyjú.
Su instinto de padre le despertaba los sentidos. Al llegar el atardecer  susurró bajito al oído de su compañera.
-Debo sacar al muchacho, tengo que llegar adonde está el anciano para que le de su medicina porque se nos está yendo.
-¿Cómo hará? Preguntó ella.
-No se, respondió Puyjú, trataré de que los árboles me cubran,  cargaré al niño que ya ni fuerzas tiene para caminar, de alguna manera llegaré. Si preguntan por mí,  les dices que no sabes que pasó, que estabas durmiendo y no escuchaste nada. Seguro se enojarán pero el niño se nos muere si no hacemos algo.

Esa noche la luna no brilló en el ingenio, las nubes formaron un enorme cerco de complicidad para que las sombras se adueñaran del lugar.
Cargó Puyjú a su hijito y casi arrastrándose con el niño en brazos fue alejándose del grupo de huetes amparado por las sombras mientras para no ser oído  tapaba la boca de su hijito cuando  la tos aparecía.
Corrió mucho, su mirada se perdía en la oscuridad, iba tanteando cada paso, tropezaba pero una fuerza extraña lo empujaba y sostenía para no caer.
El niño seguía caliente, Puyjú lo abrazaba fuerte y le decía al oído ¡Aguante, machito! ¡No afloje!

Nunca supimos cuántos metros hizo el hombre con una carga que era sangre de su sangre.
-Alto, dijo una voz que parecía del diablo.
El silencio se instaló, Puyjú abrazó a su pequeño como si quisiera pegarlo a su corazón curtido, pensó en los otros y   en su compañera, también en el anciano que podría salvar al crío.
La luna no apareció y la noche se hizo más negra para ocultar aquellos cuerpos de la voz maldita, pero no fue suficiente.
Uno, dos, tres disparos sonaron rompiendo a la tenebrosidad cómplice, los fragmentos del silencio se incrustaron en el cañaveral y hasta llegaron donde estaba la peonada echada.
Abrazado a su hijo quedó Puyjú entre las sombras. Un ángel bajó del cielo para cubrir esos cuerpos con sus dos alas de muerte.

A la mañana siguiente el sol se negó a salir, llovían lágrimas sobre el poblado. Los indios murmuraban que sus hermanos  habían partido y estaban limpiando el dolor del cuerpito del pequeño y de su padre.
En silencio, como siempre, volvieron a la cosecha.
–Acá están, son dos, gritó el milico que había descargado la pistola nefasta cuando descubrió los cuerpos atravesados por sus propias balas.
-Indio ladino, querer escaparse así, decía mientras reía.
-No les gusta el trabajo, sucios y vagos, agregaba  mientras las carcajadas de las otras bestias asociadas herían el cañaveral.
En medio de aquel dolor la zafra siguió por años.
Como demasiados pocos lo cuentan y a la Historia intentan  cambiarla,   dando vueltas por sus páginas  algunos descubren que el azúcar es amargo y está manchado con sangre.


**huetes: chozas de huichis o matacos


*Del libro de cuentos “Destapando el silencio” Editorial Amaru. Argentina

viernes, 11 de enero de 2013

¡Bailemos el mañana! No pierdas la aventura de Nechi Dorado, ANNCOL-CULTURA, esta mañana


(empiezo el año con una sonrisa, lo otro vendrá después, de todos modos...)
A mover las cachas, amigas/os!!!!!!


 

¡Bailemos el mañana!

Nechi Dorado, ANNCOL-Cultura

¡Ayyy mi madre!… uno que se pasa el día escuchando reguetón
cumbia, salsa, merengue, vallenato,
que le gusta la música de  murga. La que te hace mover
y olvidarte de la artrosis y de la osteoporosis.
Al menos  por un rato.

Uno que cuando escucha el sonido de bombos y redoblantes
aunque sea en  un acto militante
siente que los pies se escapan, se vuelven locos
se agitan y convulsionan.
Parecen querer escapar hacia el epicentro
del bochinche y giran dibujando garabatos locos
en el cemento frío.
Libres, libres, ¡!!!!!libres!!!!!!!!!

Yo, que había olvidado el ritmo del “cheek to cheek”
O baile del “cachetito” cuyo recuerdo apareció hoy
y no me alegró el día. No. No. ¡NOOOO!
Más bien me deprimió, me trajo recuerdos,
removió los cajones donde tengo guardado el ayer
ocupando su verdadero espacio: el del ayer.
Ya fue, hermana, hay que enterrarlo, dejarlo descansar.
Ya fue.

Yo vivo el hoy. Hasta me animo a decirte que
vivo con ganas el mañana
y es más, hasta creo conocerlo. O imaginarlo, al menos.
Y hasta ensayo un saludo para cuando llegue:
“buenos días mañana, yo te abrazo”

Hoy una  amiga muy querida me mandó una secuencia
de fotos en power point
con imágenes de ese ayer encajonado por mí.
Te juro que el efecto que recibí al verlo fue demoledor.
Si.
Fue un cajonazo que me despedazó el disco rígido interno.
El correo adjunto tuvo la fuerza de un malware largando
un batallón de ejércitos espías hasta hacerme colapsar el sistema
que se me cayó.
Como se me cayeron las carnes: los párpados,  las mejillas, las tetas, las nalgas,
Como se me cayó todo.
Hasta sentí millones de bolitas
De naftalina rodando por mi cuerpo que se helaba
de repente. ¡cheek to cheek!
Me agobió la más cruda realidad.
Yo bailé “cachetito, ergo ¡Estoy vieja!

¡Cómo no me va a deprimir si
hoy, para bailarlo debería apelar a la buena voluntad
de mi perro Piltrafa
Y anda con un aliento medio denso, hace unos días.

Nací anticonvencional, viví a contra marcha,
arremetiendo al tiempo y a lo que llaman destino
como para conformarnos de las cosas que nos pasan.
Y tratan de que comprendamos el “que vamos a hacer,
es el destino”
¡M’a qué destino, hermana! A la imposición la disfrazaron de destino.

¡Pasó el tiempo, que lo parió! ¡Qué-lo-reparió!
Pero nada de “baile del cachetito”, desde hoy
en mi reproductor agregaré a lo antes mencionado,
la “Cumbia filosófica”.
Se baila libre, con tu propio ritmo, como quieras.
Que descanse su sueño el ayer que existió
pero es ayer.
Y hoy es hoy.
Y yo quiero llegar a ser mañana…
Alegre y divertida, sin histerias, sin calmantes, bebiéndome la vida
Día a día.


¡No pierdas. . . !

Bailando mejilla con mejilla M CH (viene anexado en archivo de Powerpoint o entra y descarga en el siguiente enlace):

Los Wikipedia - Cumbia Filosófica






jueves, 20 de diciembre de 2012

Penando


Por Nechi Dorado, ANNCOL-CULTURA 

En un edificio, a un soltero le costaba conciliar el sueño todos las noches.

Su vecina de al lado, una joven, atractiva y voluptuosa viuda, gemía y gritaba de manera más que sugerente.

Una noche no pudo más, hizo un hueco en la pared y la espió.

Y descubrió con horror que la mujer antes de enterrar a su marido le había cortado el pene, lo había fijado a la pared y hacía el amor con él.

Excitado por el morbo de la situación, el vecino hizo un hueco, extrajo el miembro embalsamado e introdujo el suyo en su lugar.

Y así fue como se dispuso a aguardar la llegada de la apasionada vecina.

Al rato, la mujer entra en el departamento, va a la cocina, toma un afilado cuchillo, y al acercarlo a la pared en su delirio le dice al miembro:

- Mi amor, nos mudamos...

martes, 18 de diciembre de 2012

¿Me habrá mentido la abuela?





Se acerca la Navidad y me sigo preguntando
“¿Me habrá mentido la abuela
O a ella me la engañaron?”
Como se sigue engañando a los pobres de la tierra…


¿Me habrá mentido la abuela?
Nechi Dorado

En las tardes empapadas de amor y mimos manteníamos con la abuela largas charlas de “mujer a mujer”. Ella me ayudaba a descubrir el mundo que recorría a tropezones, calmaba los magullones de mis rodillas peladas tras los juegos y la tibieza de su mano, cuando las acariciaba, hacía que se aleje el dolor que me “laceraba”.
-Sana, sana, colita de rana/ si no sana hoy/ sanará mañana.
Y al ratito nomás, las rodillas no dolían y lo único que quedaba, persistente, era el olor a mandarina y a chocolate en esas manos pequeñas apresuradas por crecer para estrujar el mundo en un instante. O eso creía que podrían hacer los grandes.

 Atrás quedó la magia de esa rana misteriosa que calmaba los dolores.
¿La habrá corrido la tala de los montes fumigados?


Atrás quedó el discurso de mi abuela, que el trabajo dignifica, Y un día me puse a pensar, ¿Aunque seas un explotado?
Acaso si fuera cierto ¿habrá que ver como indignos a quienes que les fue negado, o son des-dignificados? O tal vez, avasallados.



 
A mí me contó la abuela que un Niño Jesús nació en un diciembre lejano, en una cuna de paja y rodeado de animales y que ricos Reyes Magos lo colmaron de regalos. ¿Los Reyes donando algo, a los pobres, compañero?
Y que su madre era virgen y su padre carpintero. Y que tenía ocho hermanos. Y que por amarnos tanto lo clavaron a un madero.

Que alguien se lavó las manos cuando quisieron matarlo.
Que María Magdalena mojó sus pies con su llanto, después que usaran su cuerpo cuando la prostituyeron. Que practicó la humildad y con clavos respondieron.





En este giro del mundo siguieron matando a hombres que querían cambiar algo.
















Y hay quien se lava las manos cuando alguien quiere matarlos. Y se las siguen lavando ante los niños con hambre.
Y las guerras y el espanto, mirando para otro lado.






Donde Jesús ha nacido ahora erigieron un muro para que no lo traspasen, sus hermanos palestinos. Y el amor, se lo olvidaron.
¿Será que lo secuestraron a Jesús? En este mundo.
Si es que nació en un pesebre, entre ovejas y borricos.
¿Quién lo puso en catedrales revestidas de oro puro?
¿Quién lo llenó de esmeraldas, para qué? yo me pregunto.
¿Alguien conoció a algún pobre, que de muerto se haga rico?
Dicen que en Oriente Medio, buscando entre los recuerdos, en el rostro de esa gente, vio su rostro tal cual fuera, sin rasgos europeístas, sin ojos color del cielo.
Si luchaba por amor en la tierra desangrada, ¡si fuera contemporáneo, le dirían terrorista!



A Jesús lo asesinaron, descalzo como viviera. Hoy hay pequeños descalzos, y también los asesinan. Por hambre, droga, silencio, o por gatillo ligero. Y a veces hasta los violan con sotanas.
Y sin ellas.
¿Será que se multiplican, los Jesús, por estas tierras?


Mi abuela habló de la vida, igual como le enseñaron, ella lo hacía con ternura ¡y yo tanto la escuchaba!
Hay algo que no me cierra en su historia, compañeros, ¿me habrá mentido la abuela, o a ella me la engañaron?