viernes, 19 de abril de 2013

Cultura popular: De donde vengo yo Una radiografía musical del Chocó


ChocQuib Town canta a la realidad colombiana


Una radiografía musical del Chocó
Jueves 18 de abril de 2013

ChocQuibTown / Jueves 18 de abril de 2013

Banda colombiana que fusiona el funk, el hip hop, el reggae y elementos de la música electrónica,ritmos tradicionales de la costa pacífica colombiana como el bunde, currulao, bambazú y aguabajo; con otros de latinoamérica y el Caribe como la salsa

http://youtu.be/yMS4J6Gp6e4

jueves, 18 de abril de 2013

Medicatura rural



Importancia no reconocida por el estado,
de losmédicos rurales


Por Alberto Pinzón Sánchez.

El sol empezaba a declinar en el horizonte rojizo y una brisa fresca y suave que anunciaba la llegada de la noche, embargaba ese atardecer en  Provincia. En la casona grande de tejas rojas de barro y paredes blanquecinas, ubicada dos cuadras arriba de la plaza central del pueblo, recientemente remodelada para que sirviera de hospital, los cuatro empleados de la salud, tres enfermeras y un médico joven llegado hacía poco tiempo, se disponían a dar por concluida su labor diaria. Unos golpes fuertes y precipitados en el portón de la casona seguidos de voces altas alarmaron a los empleados de dentro. 

Una de las enfermeras abrió la puerta y tres hombres vestidos de paisano, agitados, sin esperar se introdujeron  precipitadamente en el zaguán de la casa. Dos de ellos, llevaban alzado por las axilas al de la mitad quien quejumbroso tenía la camisa ensangrentada o empapada en sangre, en el costado derecho.

-Está muy herido. Dijo uno de ellos con dureza. Necesitamos urgentemente al médico, añadió.

 La enfermera le respondió que, el médico de planta estaba en el café de Pedrito jugando un chico de billar con unos amigos. No estaba aquí, ni vendría en toda la noche. Quien estaba era el medico practicante.
Pues llámelo a él agregó el hombre.- Bien sienten al señor aquí, dijo la  enfermera señalando un taburete de cuero y madera, mientras voy a llamarlo.

A los pocos minutos llegó el medico joven. Venía caminando rápido, como  dando zancadas y mostrando sorpresa en sus grandes ojos grises. Lentamente tratando de abrir la camisa para ver la herida, preguntó qué había pasado.-Le pegaron un tiro ahí, respondió señalando el costado del hombre sentado y quejumbroso, cuyo rostro apretado por el dolor no dejaba ver bien sus facciones.

 -Está herido en el hígado, les dijo el médico una vez logró separar la camisa y palpar la herida. -Necesita urgentemente una cirugía en el hospital regional o de lo contrario se desangrará irremediablemente, agregó.
Los hombres suspiraron profundamente y el que hablaba considerando que el hospital grande estaba a más de 6 horas de camino por la carretera a Bogotá, dijo con resolución -Pues opérelo aquí doctor, que nosotros asumimos todo.

 - Lo malo es que aquí no hay quirófano, ni instrumental grande, sino una pequeña mesa con instrumental de cirugía menor; la luz es muy mala y nos toca trabajar con una lámpara de caperuza y gasolina. Replicó el médico.

-No importa doctor: opérelo, que nosotros, ya le dije, asumimos todo.
El medico joven empezó a dar muestras de la tensión. Un leve sudor, perlado mojó su frente y su labio superior. Tomando aire en un suspiro hondo, les dijo.- Miren señores. Esa herida es muy grave y necesita una cirugía mayor, y para que me entiendan, coser el hígado es como coser una cuajada. Hizo una pausa tratando de mirar en los hombres la reacción a sus palabras y agregó con la voz un poco embargada. –Si ustedes lo exigen, yo afronto el riesgo y haré todo lo que pueda, pero sin poder garantizarles nada. Los hombres miraron desconcertados al hombre sentado quien debatiéndose entre los quejidos y una respiración cada vez más arrítmica, movió la cabeza varias veces hacia abajo como afirmando.

-Hágalo doctor fue la respuesta del hombre.

A los pocos minutos, los acompañantes quedaron afuera, y el herido fue introducido en el pequeño salón acondicionado con dos bombillos de 100 bujías, una lámpara de gasolina suspendida por un gancho desde el techo,  y yacía sobre una mesa ordinariamente usada para atender los partos.

Rápidamente mientras una enfermera le aplicaba en el brazo un botellín de suero, otra lo desnudaba para tomarle la tensión arterial  y otra alistaba el pequeño paquete hervido de instrumental quirúrgico. -Doctor,  dijo una de las enfermeras ¿qué anestesia le va a poner?  El medico mientras se vestía para la cirugía, sin dudarlo le indicó: - Tome una compresa de algodón; empápela en éter que está en la sala de consulta, y póngasela en las narices. Lo controlaremos con la presión arterial.

El medico observó bien al paciente: La herida de entrada era exactamente debajo de la última costilla con un orificio de salida más grande y casi en línea recta en la espalda. Metió el dedo índice en la herida de donde brotó un coagulo negruzco y friable. Tomó el bisturí y amplio la herida con un buen corte, desbridando la piel lacerada por el disparo. Palpó más profundamente, siguiendo el trayecto de la herida y observó en el guante sangre roja rutilante y fresca. Palpó la cápsula fibrosa que envuelve al hígado; solo tenía los dos orificios, el de entrada y el de salida. Hizo una prueba: metió el índice derecho por el orificio de entrada y el índice izquierdo, atrás, por el orificio de salida y pudo tocarse ambos dedos. El paciente estaba profundamente dormido, en aquella sala aplastada por una presión irreconocible,  aumentada por el olor a sangre mezclado con el del éter de la anestesia, solo se percibía la leve respiración del herido.

Era más grave de lo esperado, se dijo. No podía coser o suturar la capsula fibrosa del hígado, porque como lo había sospechado era un asunto de cirugía mayor y de equipamiento que no disponía. Dudó. Y respirando profundamente,  mientras se pasaba la manga de la bata por la frente,  miró a las enfermeras con una mirada inquietante y solícita de ayuda. Ellas le correspondieron mirándolo anhelantes, sin saber qué hacer.

De pronto, mirando fijamente la herida del paciente, una improvisada  idea le vino a la mente. Le pidió a la enfermera  a su lado que le pasara una compresa de algodón del material hervido, pero desenvuelta, y con ella en la mano derecha, empezó a introducirla por una punta por entre el orificio de entrada, controlando su recorrido con el índice de la mano izquierda introducido atrás, en el orificio de salida de la bala. Ahora el paciente se movía quejumbroso, pero totalmente ausente. Metió lentamente toda la compresa, dejando visible solo una punta de ella. Desinfectó todo el campo operatorio con abundante tintura de yodo, y dijo: -Ahora a esperar. 

Con las ropas de cirugía ensangrentadas salió al zaguán y les dijo lo mismo a los acompañantes del herido. Ellos le respondieron que no podían esperar. Esperarían unas horas hasta la madrugada para llevárselo consigo. El médico, les dio dos frascos grandes de tintura de yodo y les dijo que debían hacerle curación con ella en ambas heridas, dos veces al día, y que buscaran ayuda especializada. Fue todo.

Los hombres se llevaron esa madrugada al herido como habían dicho y a la mañana siguiente la rutina del hospitalito continuó igual. Hasta una semana después, cuando un hombre recio y acuerpado, vestido con una chaqueta de cuero abierta de donde sobresalía una gruesa cadena de oro con varios dijes, mirada negra y penetrante, cabello liso peinado hacia atrás con glostora y rasgos mestizos pronunciados; llegó preguntando por el medico joven.

Cuando lo tuvo enfrente, el hombre le presentó un carnet de la Compañía de Misiones Especiales de la Brigada de Institutos Militares con su foto,  y donde se podía leer el nombre de José Quirama Zuleta; quien sin titubear le dijo:- Doctor usted hace una semana curó a un peligroso guerrillero que nosotros habíamos herido en el encuentro de la vereda de la Palma, y se nos voló. Le aconsejo que coja su maletica con sus chiros y se pierda de aquí cuanto antes. O no respondemos por su traición.

Entonces, un sudor frio y resbaloso, escurrió lentamente a  lo largo de la espalda y del espinazo del joven médico.                                                      

                              

lunes, 15 de abril de 2013

¡Anda Pueblo!




Por Indira Villafaña

Pueblo hermoso, impulsor de nuevas causas,
reúnes el coraje para espantarte el miedo y la duda.
 ¿Cuánto habéis comprendido que el replegarte,
es entregarte sin resistencia alguna?

Pueblo tatuado de luchas y arduas batallas,
Te duele, te duele el pasado que llevas en las entrañas
  La orfandad no acompaña tu nombre,
Porque tu nombre es Patria pero también es Matria.

Ya no vacilas en el sendero,
sudor y lágrimas hoy te acompañan
los que se fueron ya revivieron
en cada lucha, cada esperanza.

¡Anda! grita con fuerza,
 Tu voluntad nadie la calla,
¡Anda! Abre tus manos,
Ábrelas grande para que en ellas caigan
La lluvia hermosa que alimenta la vida
La que te roza  y limpia tus lágrimas.

¡Anda! Pueblo de vida,
¡Anda! a legitimar tus llantos y rabias,
¡Anda! porque tus sueños para ellos son pesadillas,
Anda porque eres libre y nadie te ata,

¡Anda! pueblo valiente,  hoy más que nunca
La historia llama
¡Anda! que aunque te humillen
Tú aquí resistes a la vanguardia

¡Anda! Pueblo consciente

Recordando a César Vallejo a 75 años de su desaparición física






Los Heraldos Negros
(1918)

Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé.
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé.

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes ... Yo no sé!



César Vallejo, peruano universal

César Vallejo poeta peruano


Lunes, 15 de abril de 2013


Hace 75 años, falleció uno de los grandes escritores que ha dado nuestro país a la literatura universal, César Abraham Vallejo Mendoza, creador de obras imprescindibles como  Trilce, Los Heraldos negros, España aparta de mí este cáliz, entre otras.

Partió un 15 de abril que fue, como bien lo predijo, un día lluvioso en París.
Nacido en Santiago de Chuco un 16 de marzo de 1892. Vallejo aprendió de muy joven las penurias de la vida. Llegó a Lima para estudiar pero, con 19 años, se desilusiona de la carrera de medicina y regresa a Trujillo a retomar sus estudios de Letras.

En 1917 regresa a Lima y se codea con lo que en ese tiempo era la crema y nata de la literatura peruana.
En 1919 consigue publicar su primer libro de poemas Los heraldos negros donde destaca la obra con el mismo nombre.

La desgracia, quizá lo que más influyó en su obra, regresa a él en 1920, cuando es acusado del incendio y saqueo de una casa en Santiago de Chuco, adonde había retornado luego de enterarse que su madre había fallecido. Por esta acusación fue llevado a prisión injustamente, durante casi un año.

En 1922 publica Trilce, para muchos su mejor libro, y que se adelantó al lenguaje literario vanguardista.
Al año decide irse a Europa, a pesar de que no tenía dinero, y de ahí no regresaría nunca más. En París conoció a Henriette Maisse, con quien conviviría hasta 1928, año en el que conoció a la mujer que cambiaría su vida Georgette Philippart. En 1930 viaja a España, debido a que Francia sufría la crisis del crac de 1929, país donde empezaba a hacerse conocido por Trilce, que empezaba ha ser estudiado y criticado muy positivamente. En ese país, mientras era testigo presencial de la instauración de la segunda república española, publica su obra Tungsteno, pero no puede hacer lo mismo con su cuento Paco Yunque, que los editores consideran “muy triste”.

Muere el 15 de abril de 1938, un viernes –no jueves, como diría en su poema Piedra negra sobre piedra blanca– lluvioso de semana santa, y allí empieza la leyenda del poeta del dolor humano y la confraternidad universal.

domingo, 14 de abril de 2013

¡Plantar banderas!





Nechi Dorado

El Leviatán, acovachado en el presente
que pierde, inexorable,
lanza aullidos hacia donde despierta,
nuevamente,
la voz de América toda,
unida en la victoria.

Surca su mar de inmundicias,
arranca granos de arena de la historia
y se revuelca confundido
en su propio excremento.

¡No ha podido alcanzar aquella sucia gloria
elucubrada en la oficina de la muerte!

América despierta nuevamente,
desperezándose en mañanas de promesas,
arranca gritos de amor
siembra esperanza,
y nada puede detener el galope que arrastra
el brillo de una Espada que surca el continente.

Entre el sonido sublime de las cadenas rotas
se escucha un dulce trino que acaricia a la vida,
vuelve veloz, arremetiendo a contraodios,
venciendo al Leviatán,
cerrando heridas.

Se unen las manos, se vuelven de repente
Puño cerrado, puño de acero y sangre,
Puño de patria o muerte,
¡Puño de patria y vida!
Amasado en barricadas de amor y de conciencia.

Las lágrimas que ayer mojaran las mejillas
estrujando corazones,
se convierten, de repente, en
sustancia, conciencia y compromiso.
Los fusiles se aprestan
A disparar palabras.
¡Solo eso disparan, palabras y alegría!

Un  grito unido de amor rompe fronteras,
ensordeciendo a la bestia
que cae desplomada por su propio peso.
Más allá de intrigas y ambiciones:

¡Aquí, Latinoamérica señor,
Aquí, Latinoamérica,
Vuelve a plantar banderas!


14/04/2013

viernes, 12 de abril de 2013

A margareth thatcher, que nunca descanse en paz




Entre tanto ajetreo necesarias urgencias
extendiendo mis manos a unos lejanos orientales mios
que muestran dignas uñas ante el presunto amo del universo
olvidé maldecirte
aunque tu hedor me enfeca los sentidos
y como una materia atragantada en la beldad del mundo
hinca su podredumbre subhumana en los confines del dolor ajeno
en thatchos de inmundicia
sigo viviendo a pleno para odiarte
vieja bruja de hierro forjado en herramientas de matar
estarás oxidándote en alguna cloaca
acompañada de tu augusto socio trasandino
traidor nuestro y de suyos
pareja parda que en el cielo o infierno hará trastabillar 
a los más duros en el arte de asesinar en masa de torturar riendo
no te olvidamos rata sanguinaria
ni a tu perro guardián el pinochet
ni a tu socio esperpéntico reagan
los muchachitos insulares que yacen bajo mantos de turba
los que sobrevivieron
los padres madres novias hermanitas de los sumersos por tu felonía
 y la de tus buchones en la frialdad austral
crucerificados por el odio de tus sires y lores borrachos 
encharcados en la mierda albiona
ahora están festejando
festejan que tus carnes estén ahora emputradas
en los sumideros del imperio
y aunque el papa y el mundo del poder digan que se entristecen
ante tu desecho agusanado
te deseo lo peor
si lo hay
en el in mundo infecto donde estés

                                                  Jorge Luis Ubertalli
                                                       12 /4/2013