lunes, 6 de mayo de 2013

Aniversario N° 195 del nacimiento de Carlos Marx



El filósofo y economista que más influyó en el pensamiento del siglo pasado, Carlos Marx, cumpliría este domingo 5 de mayo 195 años



Aniversario N° 195 del nacimiento de Carlos Marx

 

http://www.ultimahora.com/notas/618344-Aniversario-n.-195-del-nacimiento-de-Carlos-Marx


Para celebrar el aniversario de nacimiento 195 del filósofo, sociólogo y economista alemán Carlos Marx, que se conmemora este domingo, el escultor Ottmar Hörl realizó una instalación con estatuas del fundador del socialismo científico.

La obra fue montada alrededor de la Porta Nigra, en la ciudad de Tréveris, Alemania.
En la inauguración de la exhibición, Hörl apuntó que el homenaje lo hace porque Marx, nacido en Tréveris el 5 de mayo de 1818, fue el padre espiritual del comunismo y, como tal, fue un filósofo a menudo mal entendido, cita el sitio milenio.com.

Carlos Marx es considerado, junto a Friedrich Engels, como el padre del socialismo científico, del comunismo moderno y del marxismo. Fue un hombre que marcó época por sus aportes a la política mundial y a los sistemas económicos.

El filósofo fue autor de múltiples estudios sobre la historia humana, nació en el seno de una familia culta y acomodada. Su padre era un abogado judío convertido al protestantismo.

Al concluir el bachillerato, Marx se matriculó en la Universidad de Bonn para estudiar derecho y, posteriormente, se trasladó a Berlín para estudiar, primero, historia y luego, filosofía.

domingo, 5 de mayo de 2013

Miquela





Por Alberto Pinzón Sánchez

Miquela estaba en Provincia hacía cinco años. Los Carranceros habían llegado a su pequeña finca, situada en el pie de monte de la cordillera donde se inicia el estratégico camino al río Minero y a las minas de esmeraldas, por la madrugada, cuando la noche es más oscura y sin que los perros hubieran podido detenerlos, violentaron y derribaron las puertas  desvencijadas y de madera corroída de la vieja casa de adobe donde vivía con su mujer y su hijo pequeño. Los sacaron a empellones aún dormidos y aprovechando el estupor de la sorpresa, en la explanada de tierra amarillenta que servía de patio de entrada de la casa, dispararon sus ametralladoras contra ellos. Miquela, fue el primero en caer acribillado y sobre él cayeron en un charco de sangre su esposa  y su pequeño hijo sin tener tiempo de hacer ninguna exclamación. Los Carranceros, con la punta del cañón de sus ametralladoras revolvieron los cuerpos sangrantes aún y, quien comandaba el grupo dijo secamente: - Listo. Misión cumplida. Están todos muertos, y luego agregó imperiosamente- ¡Vámonos!     

Miquela, adolorido logró permanecer inmóvil y con la respiración leve y espaciosa hasta cuando aclaró. El sol salió rápido, como de golpe, acompañado de una brisa cálida y olorosa a pasto y ramazones y al poco rato, llegó el zumbido terebrante  del revoleteo de  las moscas verdes y brillantes. Como pudo se tocó el cuerpo dolorido. El muslo derecho entumido, estaba pegajoso y del centro salía un hilito de sangre de color negruzco.  A lo largo del abdomen sentía  dos quemonazos  y en la quijada, al lado derecho, un dolor insoportable.

Reparó los cuerpos  inertes y aún cálidos de su mujer e hijo. Habían muerto con los ojos bancos muy abiertos como los de una vaca, y espantados. Unos cuantos pasos más allá alcanzó a ver  los cadáveres  degollados y sangrantes  de sus dos perros.
Pensó en gritar pidiendo auxilio, pero sabía que nadie lo escucharía y en cambio sí podría alarmar a los restos de los Carranceros que pudieran estar en la cercanía limpiando el camino a las minas de esmeraldas. Lentamente y con gran esfuerzo se arrastró hacia la casa y a tientas se subió en la cama donde se echó cuan largo era. Pronto un sueño profundo, como si fuera la muerte lo embargó. Cuando la sed lo obligó a despertar, ya era de noche y el chirrido de los grillos venía traído por pequeñas y suaves rachas de un de viento fresco oloroso a humedad. Volvió a repasar sus heridas, esta vez quitándose la ropa y, valido del pequeñito espejo cuadrangular que su esposa tenía en la cartera pudo mirarse la cara. La herida de la pierna ocultada bajo un cuajarón negruzco había dejado de sangrar;  dos dolorosísimos surcos negros y profundos, como de carne quemada, recorrían en toda su extensión  de un lado a otro la piel del abdomen.
Y en el lado derecho de la mandíbula tenía otra herida que llegaba hasta la boca y la piel de toda la mejilla.

Se acordó de que tenía algunas medicinas para veterinaria que usaba cuando sus caballos o ganados, estaban enfermos  o se herían y, a rastras, apoyándose en un taburete, buscó ropa limpia y luego llegó hasta la rudimentaria  cómoda donde tenía las medicinas guardadas. Reparó bien y encontró varios frascos de terramicina y de sulfacol en polvo, y junto con la jeringa grande para animales  que allí estaba, los logró empacar en su carriel. Se deslizó afuera, hasta la alberca donde se almacenaba el agua de la casa, y con la totuma del lavadero de ropa, se echó agua en las heridas y las lavó con el jabón de la tierra usado por su esposa para lavar. Se aplicó el polvo de la sulfadiazina, lavó la jeringa y se aplicó, como le habían enseñado, un dedo de la jeringa del frasco de la terramicina. Sintió confianza y recordó que debía repetir la inyección cada día.   
Pero no tenía mucho tiempo. Se  escurrió nuevamente hasta detrás de la casa donde estaban las herramientas del trabajo y encontró su afilado machete. Buscó  en una rama  caída una horqueta que le pudiera servir de muleta, la cortó la acomodó a su estatura, tomó una garrafa de petróleo que tenía para la lámpara que iluminaba sus noches y se dirigió a donde los cadáveres de su familia. El sol ya estaba casi en la mitad del cielo y unas nubes claras algodonosas se movían muy lentamente en el azul celeste. Había cesado la brisa matinal.

Llorando desconsoladamente, vertió el petróleo sobre los cuerpos inertes de su esposa e hijo y le arrojó un fósforo  encendido. Luego se volteó y sin mirar hacia atrás, llorando por tanto dolor, tomó  camino hacía Provincia, pero desviándose del camino principal para evitar ser visto o identificado. Caminando trabajosamente, el primer día de camino pudo llegar hasta la quebrada de la Miel, donde  encontró un sitio fresco y cubierto en un remanso  de su orilla; se aplicó nuevamente la inyección de terramicina, que sobrellevó  tomando abundante agua, comió unos mendrugos de pan que traía en el carriel y agobiado volvió a sumirse en un sueño muy profundo, como de muerte. Caminó dificultosamente tres días más, bordeando  matas de monte y arboledas, buscando las colinas más suaves y evitando las cañadas más profundas,  hasta salir finalmente  al carreteable que lleva de Bogotá a Provincia. En su orilla, apabullado y vacío, con los ojos  hinchados y enrojecidos todavía acuosos, se sentó debajo de un  árbol frondoso y verde a esperar algún vehículo.

Un rato después,  llegó en medio de una polvareda amarillenta y pegajosa, el camión que recoge las cantinas de la leche de las fincas vecinas para llevarlas hasta Provincia. Habiéndolo reconocido, Se paró en la mitad del carreteable hizo señas al chofer para que lo llevara y el camión se detuvo. Le explicó al asombrado chofer que había tenido un accidente y se dirigía al Centro de Salud de Provincia en busca de ayuda. El viaje de unas cuantas horas trascurrió en un  denso silencio y en medio de ese polvo viscoso e irrespirable, pues el chofer  evitaba mirarle la cara. En el Centro de Salud, el médico le enyesó la pierna derecha, le hizo curaciones en las demás heridas y trató, lo mejor que pudo,  de repararle la gran herida de la mandíbula y la mejilla derecha; pero era evidente  que su desfiguración facial permanente lo haría irreconocible ante cualquiera.    

Miquela durante su recuperación y como para ganarse el sustento diario, ayudaba a hacer algunas tareas simples o sencillas en el hospitalito; hasta cuando el médico le dijo que ya estaba recuperado y caminando más o menos bien, no podía  tenerlo por más tiempo: no tenía presupuesto para más. Entonces se ubicó en la Plaza central a solicitar la caridad pública y unos días después, el párroco de Provincia, le regaló una caja de lustrar zapatos, completamente dotada. Así, se fue convirtiendo en el “embolador” del Pueblo. Hablaba únicamente lo necesario con sus clientes, los oficinistas de la administración municipal y evitaba tajantemente con un hermetismo refractario, cualquier conversación sobre sí mismo, o sobre su vida.

Tres  años después de estar viviendo en la calle y sentado todos los días, en su sitio, en la Plaza de Provincia con su cajón de lustrar zapatos, llegó una pareja de policías y le dijeron que,  debía hablar con el  señor alcalde. Impávido, Miquela escuchó al alcalde decirle, que en pocos días vendría el Presidente de la República a visitar el pueblo y que era una orden superior no dejar en el pueblo  ni mendigos ni emboladores, ni vagos, ni desechables, ni indigentes o ñeros, ni nada que afeara la visita del señor Presidente y que, como él sabía que no tenía a donde ir, lo iba a enviar por unos días, junto con otros limosneros, vagos, e indigentes  a un hospicio en la capital del Departamento. El Camión que los llevaría saldría esa noche y mientras tanto debía permanecer  ahí en la alcaldía.

El camión con el grupo de condenados, recorrió los 300 kilómetros que separaban a Provincia de la capital del Departamento en un espantoso viaje que duró toda la noche y que Miquela soportó  con su hermetismo y desprecio al dolor. En el hospicio de la capital, una casa vieja y deteriorada,  mal cuidada y maloliente, vivían mezclados, ancianos, mendigos,  dementes, ñeros, indigentes y hasta jóvenes drogadictos en su etapa final y, pared de por medio, en la otra mitad de la casa tapiada, estaban en depósito las mujeres  de condición semejante o peor. Allí estuvo  malviviendo silencioso 15 días, pero muy atento  a la puerta de entrada del hospicio.

Aprovechando un descuido de la portería, se escabulló rápidamente con el firme propósito de llegar nuevamente a  su Provincia natal. Preguntando, mendigando y durmiendo  unas pocas horas por la madrugada, caminó durante 15 días por el borde de la carretera que va de la capital del Departamento a Provincia. Evitando los camiones ganaderos y autos que pasaban por la angosta vía, tratando de sacarlo de camino, esquivando botellazos que le lanzaban junto con los improperios e insultos por obstaculizar el tránsito. Al rayo del sol, que chorreaba inclemente hasta bien entrado el atardecer, cuando se acercaba a alguna casa a mendigar un poco de agua para lavarse, o enjugarse  los pies llagados y estropeados  por la caminata, para luego al amanecer, despertarse cantando  para sí mismo, en tono muy desafinado pero lleno de consuelo,  un bambuco que estaba muy en boga:

 - “Cantan las mirlas por la mañana, su alegre canto al rayar el día, cantan alegres los ruiseñores, y se despierta la amada mía. ¡Ay! quién pudiera rondar tu alcoba donde parece que estás dormida, ¡ay! quién pudiera robarte un beso, sin despertarte mujer querida. Yo te recuerdo a cada momento en mis tristezas y mis dolores, yo no te aparto del pensamiento,  yo no te aparto del pensamiento,  tú eres la dueña de mis amores  !Ay! quién pudiera robarte un beso sin despertarte mujer querida. ¡Sin despertarte mujer querida!”   

Y así llegó finalmente a Provincia, derrengado, caminando despacio y arrastrando los pies lacerados. Exangüe y enflaquecido de muerte, barbado y fétido, con un costal al hombro lleno de porquerías desconocidas, solamente útiles para él , que había coleccionado o recogido en su penosa travesía. Al llegar a la Plaza del Pueblo llorando desconsolado se sentó en una escalera que hay en el atrio de la iglesia, donde permaneció  un tiempo largo sin alivio. Allí vino el párroco, quien suavemente le preguntó que porqué lloraba con tanto desconsuelo.

Miquela finalmente alzó sus ojos enrojecidos, hinchados y húmedos que  le daban un aspecto cadavérico  y mirando indolentemente al párroco le dijo:- Ay padre, Porque todavía estoy vivo.             








                            
      

Documental "Nostalgia de la luz"






Patricio Guzmán / Sábado 4 de mayo de 2013

"Nostalgia de la Luz" es un film sobre la distancia entre el cielo y la tierra, entre la luz del cosmos y los seres humanos y las misteriosas idas y vueltas que se crean entre ellos. En Chile, a tres mil metros de altura, los astrónomos venidos de todo el mundo se reúnen en el desierto de Atacama para observar las estrellas. Aquí, la transparencia del cielo permite ver hasta los confines del universo. Abajo, la sequedad del suelo preserva los restos humanos intactos para siempre: momias, exploradores, mineros, indígenas y osamentas de los prisioneros políticos de la dictadura. Mientras los astrónomos buscan la vida extra terrestre, un grupo de mujeres remueve las piedras: busca a sus familiares.

sábado, 4 de mayo de 2013

Recordamos a otro de los "imprescindibles"


Víctor Jara asesinado por la dictadura pinochetista


El Aparecido
Victor Jara (1932-1973)
Abre sendas por los cerros,
Deja su huella en el viento,
El águila le da el vuelo
Y lo cobija el silencio.
Nunca se quejó del frío,
Nunca se quejó del sueño,
El pobre siente su paso
Y lo sigue como un ciego.
Correlé, correlé, correlá,
Por aquí, por allí, por allá,
Correlé, correlé, correlá,
Correlé que te van a matar,
Correlé, correlé, correlá.
Su cabeza es rematada
Por cuervos con garra de oro,
Cómo lo ha crucificado
La furia del poderoso.
Hijo de la rebeldía,
Lo siguen veinte más veinte,
Porque regala su vida
Ellos le quieren dar muerte.
Correlé, correlé, correlá,
Por aquí, por allí, por allá,
Correlé, correlé, correlá,
Correlé que te van a matar,
Correlé, correlé, correlá.
Un hombre caerá con el crepúsculo,
Caerá también un hombre y su bitácora
En la oscuridad de un pozo.
Pescador en la arena,
Prisionero en la gaviota,
Caerá su muerte maltratada,
Su muerte mineral
Y la semilla que no germinaba todavía.





Acta


A todo le han puesto un precio pero no todo lo tiene


 Uno de los imprescindibles que hoy queremos compartir con nuestros lectores porque hay versos que mantienen su vigencia a pesar de los años y del pretendido olvido que no fue, no es ni será posible

Roque Dalton





En nombre de quienes lavan ropa ajena
(y expulsan de la blancura la mugre ajena).

En nombre de quienes cuidan hijos ajenos
(y venden su fuerza de trabajo
en forma de amor maternal y humillaciones).

En nombre de quienes habitan en vivienda ajena
(que ya no es vientre amable sino una tumba o cárcel).

En nombre de quienes comen mendrugos ajenos
(y aún los mastican con sentimiento de ladrón).

En nombre de quienes viven en un país ajeno
(las casas y las fábricas y los comercios
y las calles y las ciudades y los pueblos
y los ríos y los lagos y los volcanes y los montes
son siempre de otros
y por eso está allí la policía y la guardia
cuidándolos contra nosotros).

En nombre de quienes lo único que tienen
es hambre explotación enfermedades
sed de justicia y de agua
persecuciones condenas
soledad abandono opresión muerte.

Yo acuso a la propiedad privada
de privarnos de todo.


Música: Desde Argentina, un clásico de la canción popular.

Folklore argentino: Desde Salta, Los Chalchaleros


 Los Chalchaleros

Argenpress Cultural

 Los Chalchaleros fue un conjunto folclórico argentino creado en Salta en 1948. Están considerados uno de los más grandes grupos folclóricos de Argentina. Su nombre deriva de un pájaro cantor del norte argentino, el zorzal colorado o chalchalero (Turdus rufiventris).
Los Chalchaleros en 1966. Polo Román, Ernesto Cabeza, Pancho Figueroa y Juan Carlos Saravia.

 En la primavera de 1947, dos dúos se presentaron en Salta en un mismo recinto, uno conformado por Víctor José Zambrano (Cocho) y Carlos Franco Sosa (Pelusa); el otro lo integraban Aldo Saravia (el Chivo) y su primo Juan Carlos Saravia (el Gordo). Tras la actuación, decidieron juntarse y formar un cuarteto. Así nacieron Los Chalchaleros.

 Después de meses de ensayos, su debut se produjo el 16 de junio de 1948, en el Teatro Alberdi de Salta.

 Los Chalchaleros comenzaron a hacerse populares en su provincia natal con su primer gran éxito Lloraré. Pronto también incorporarían a su repertorio temas que se volverían clásicos como El cocherito, El arriero, La López Pereyra, la Zamba de Vargas y Yo vendo unos ojos negros.

 En 1949, Aldo Saravia dejó el grupo ―consiguió trabajo como bancario― y fue reemplazado por José Antonio Saravia Toledo (que no era pariente de Aldo y Juan Carlos). Al año siguiente, Carlos Sosa viaja a Córdoba para estudiar Arquitectura, siendo reemplazado por Ricardo Federico Dávalos (Dicky).

 En 1953, el rionegrino Ernesto Cabeza ingresó en lugar de Saravia Toledo, quien se dedicaría a la abogacía. Cabeza le daría a Los Chalchaleros un rasgo distintivo, como compositor de éxitos (La nochera) y lo que sería llamado guitarra chalchalera, con un estilo y una armonía que marcaría escuela en los conjuntos folclóricos.

 A partir de ese año empezaron a grabar temas que más tarde aparecerían recopilados.

 En 1956, otro de los fundadores del grupo Víctor Zambrano, dejó la banda que ya empezaba a hacer giras. Su lugar sería ocupado por un viejo conocido, Aldo Saravia, quien abandonó su puesto de bancario y volvió al grupo, tras 7 años de ausencia.

 Los Chalchaleros seguían sumando éxitos, pero en 1961 Aldo Saravia falleció en un accidente de tránsito. Para reemplazarlo reingresó Zambrano, quien había dejado el grupo 5 años antes.

 En 1966, Zambrano vuelve a dejar el grupo y en su lugar entra Eduardo "Polo" Román. En 1967, tras 16 años, Dicky Dávalos también se va del grupo, dando lugar al chaqueño Francisco "Pancho" Figueroa.

 La formación entonces quedaría entonces con Juan Carlos Saravia, Ernesto Cabeza, Polo Román y Pancho Figueroa, siendo los ganadores del Festival de Cosquín, en 1968.

 Los años setenta los encontró ampliando su repertorio con chamamés (Merceditas) o al usar dos bombos para una canción (Zamba del regreso). Los Chalchaleros eran un éxito nacional e internacional.

 En 1980, Los Chalchaleros sufrieron otro tremendo golpe, cuando falleció el cerebro musical del grupo, Ernesto Cabeza. Juan Carlos Saravia, el único fundador que seguía en el grupo, decidió no reemplazarlo y durante tres años actuaron como trío.

 En 1983, Los Chalchaleros volvieron a ser un cuarteto: Ernesto Cabeza, antes de morir, había señalado a Facundo Saravia, hijo de Juan Carlos, quien tocaba en un grupo llamado Los Zorzales, como su sucesor. Entonces se decidió incorporarlo.

 Esta formación seguiría unida, recorriendo la Argentina y el mundo hasta la disolución del grupo, en 2003.

 A lo largo de su carrera, Los Chalchaleros editaron cerca de 50 discos, popularizando estilos folclóricos argentinos como la zamba, la cueca, la chacarera, el gato o el chamamé. Son considerados exponentes de la Música Argentina a nivel mundial.

 Los Chalchaleros han sabido llevar por todo el mundo lo mejor de la música nacional argentina, de la mejor manera. Fueron sin ninguna duda uno de los conjuntos de folclore argentino más importantes de toda la historia de esa música. Su despedida de los escenarios fue un periplo de conciertos por todo el país y el mundo inolvidable para los que tuvieron oportunidad de presenciarlo. Tenían un estilo único, inigualable e irrepetible, tanto que al comenzar las canciones en lugar de decir "adentro" (para comenzar a cantar) el que lo decía no terminaba de decir la palabra. Esto sucedía en cada final de verso o finales de cualquier canción.

 Entre sus interminables éxitos, dejamos aquí algunos de sus clásicos:

 1. Zamba La López Pereyra


2. Zamba de mi esperanza


3. Sapo cancionero

sábado, 27 de abril de 2013

Antes del final, poema. Fragmento de "Estúpidos mirones de televisión




Cuando un poeta dice, ilumina la vida…

Dijo Aldo Novelli

Antes del final

Estoy solo.
Quiero escribir todas las páginas del mundo
leer la cifra secreta oculta en el agua primordial
cantar el canto nuevo de la nueva humanidad/
cantar sin tiempo un canto de lluvia y empaparme la cara
y la sangre de agua fresca/ del agua clara que baja de la cima.

Y me pregunto: ¿por eso estoy aquí?
en medio del desierto rodeado de gente que no conozco.
¿Conozco esta gente? ¿me rodea y me habla a mí? ¿a quiénes hablan?



Quiero decir estos poemas con la voz de un pájaro y el zarpazo de un tigre.
¿Qué son estos poemas? ¿qué es eso que llaman poesía?
Clasificar el mundo y sus objetos
y ponerle número a cada cosa es la religión de los tiempos.
Una legión de fanáticos caminan detrás de los objetos.

El arte es el opio de los pueblos dicen los nuevos pastores
¿existe el arte? ¿el pueblo?
¿dónde están los pastores de este inmenso rebaño de ovejas?

¿Por qué estoy aquí? ¿porqué aquí y no allá?
allá donde el sol broncea el cuerpo de felinas mujeres
o más allá/ donde el hombre inventa distintas muertes cada día/ todos los días.

Estoy solo/ busco amor.
Quiero ser el amado.
¿Me alcanzará?

¿Me alcanza esta soledad para escribir el poema total?/
ese aleph/ ese inalcanzable.
¿O el amor y el deseo de una dulce obrera del mercado
es el fin de todas mis utopías?
naranjas papas y manzanas en sus manos sucias
y sus jugos en mi cuerpo y sus ojos admirando mi palabra/
mis sombras/ mis castillos de humo.

¿Para qué nacer amar desamar y morir?.
¿para qué Dios de los vencidos?
dime Dios ¿para qué? Quiero ser el amado/
el bienamado/ el más amado.

¿Y el paraíso terrenal/ la revolución/ la súper hembra/ el gran polvo?
y buscarte en lo alto/ más alto que los fatuos cielos
¿dónde estás padre?

¿Y los hombres/ la libertad/ los ideales supremos/ la loca utopía...?.

¿Qué hago acá en este punto infinitesimal del cosmos
intentando trascender con palabras demasiado gastadas?
¿Y los hijos? ¿y esta sangre que me sucede como revolución ansiada?
Hombre que inventa religiones/ mecanismos/
discursos/ fantasmagorías ¿porqué y para qué el poema?
¿dónde la poesía? ¿ese arco tensado entre dos estrellas ilusorias?
¿dónde la flecha que atraviesa esta eternidad de instantes?
la poesía: esa oscuridad/ luz/ pensamiento/
genio encerrado en una botella/ todo y nada.
¿Detendrá mi palabra algún día la bala del suicida o el asesino?
¿es necesario el poema/ el poeta/
el inventado/ para detener esa bala?
¿justificará ese instante el poema?
¿la miseria del mundo/ el hambre/ la muerte sin sentido?.
Estoy solo/ sin padres/ sin hijos/
sin amada en medio de la noche cósmica.
Estoy temblando.
Voy a morir.
¡Pero antes voy a salvarme!.
Antes escribiré el poema que frenará la bala
de la infinita tristeza del hombre!.

De Estúpidos mirones de televisión
(fragmento)

Un abrazo impetuoso.

aldo luis novelli/ --desde los bordes del desierto-- neuquén - patagonia - argentina