viernes, 11 de enero de 2013

Confesiones en una cornisa







Sucedió alrededor de las 10 de una fría mañana de día miércoles. Se podrán hacer todas las interpretaciones que se deseen del hecho, pero lo más importante no es su desenlace sino lo que allí se dijo.

Toda la escena no duró más de media hora, pero tuvo tal intensidad emotiva que podría parecer de horas, o de un día entero. Como siempre, lo más importante es el contenido y no la cáscara, aunque tantas veces nos quedemos fascinados sólo con la presentación, con lo externo.

David fue militante del Partido Comunista prácticamente toda su vida, desde los 17 años. Ahora, con sus 71 cumplidos, seguía siendo un activista comprometido; ya no del partido, sino de la causa, de la vida. Decepcionado por muchas de las cosas que fue viendo, se salió de la organización ya de grande, después de los 60, pero nunca abandonó sus convicciones. Seguramente por esas mismas convicciones y no por otra cosa –así lo creo yo al menos– es que sucedió lo que sucedió.

Era psiquiatra, como tantos médicos de origen judío de Argentina. Su paso por la Unión Soviética años atrás no le reportó mucho para su profesión, pero sí para su formación política. Pero donde más le influyó fue en su ética, en su visión de las cosas. De hecho, sus abuelos paternos eran rusos. Al igual que su padre, él hablaba la lengua rusa con bastante fluidez. No se sentía ruso precisamente, pero el contacto con ese pueblo por casi un año –el tiempo que duró su formación política– y dos breves regresos que hizo posteriormente, lo sensibilizaron mucho, haciéndolo sentir casi uno más de ellos. Por eso ahora, caído el bloque socialista, se resentía tanto, sintiendo así en carne propia, casi como un ruso común, lo que esa caída había significado.

Lo cierto es que aquella mañana David no aguantó más y lo hizo. Como yo su era vecino y nuestros balcones se tocaban, contraviniendo lo que pidió –tengo que confesarlo: lo hice porque no quería perderme ni un detalle de lo que sucedía–escuché toda la conversación.

La cuestión empezó cuando algunos transeúntes lo vieron encaramado en la cornisa. Era un edificio viejo, de los años 30, muy bonito, con un estilo neoclásico europeo con el que hoy día ya no se construye. Vivíamos en el sexto y último piso, altura suficiente para matarse si uno caía desde ahí. Había ascensor, pero David, con sus 71 años a cuesta, prefería las escaleras. Siempre había sido un tipo muy atlético, con un esmerado cuidado físico. De hecho, todas las mañanas practicaba media hora con una bicicleta estacionaria en la sala de su casa. Fue por eso, por estar en muy buenas condiciones, que pudo salir del balcón y comenzar a caminar por la cornisa.

La verdad que no sé si tenía pensado arrojarse realmente; yo me quedé con la idea que era una estrategia para llamar la atención. Tal vez la de su nieto, no sé… O quizá de la opinión pública. No puede decirse que David fuera un histriónico; pero sí que sabía concitar la atención, que le salía con mucha facilidad ser centro de las reuniones. Era muy buen orador, por cierto. Podía hablar horas sin papel, improvisando. Su formación era erudita. Además de medicina y psiquiatría, había estudiado mucha filosofía e historia del arte. Y tocaba el violín como los dioses.

Cuando estaba en la cornisa, no demoraron ni cinco minutos en aparecer ambulancias, la policía, los bomberos, y por supuesto los medios de comunicación. De todo se puede hacer negocio, por supuesto. Y un suicidio es algo perfecto para ello. Más aún si se trata de alguien más o menos conocido como era David Ulianowsky, ¡el doctor Ulianowsky!, conocido y reputado médico comunista, destacado columnista en uno de los periódicos más importantes del país.

Estando en la cornisa, cuando se acercaron los bomberos tratando de convencerlo que no lo hiciera, que la vida es hermosa y estupideces de ese tipo (la vida ¿es hermosa?), pidió que se retiraran todos, y que sólo hablaría con la psicóloga de la policía. Fue él, David, quien pidió que fuera la psicóloga. No cualquier psicólogo, sino ella; él la conocía desde hacía un buen tiempo, porque había sido su alumna en la cátedra de Psicopatología. Le parecía una mujer especialmente inteligente.

En no más de 15 minutos María Inés estaba ahí. Preparada para ese tipo de eventos, no temió en salirse del balcón y acercarse caminando por la cornisa. Eso estaba fuera de todos los protocolos de seguridad que los empleados policiales cumplían a la perfección, pero ella no era como todos. Por esa irreverencia, esa rebeldía siempre presente en su actuar es que David la tenía como su mejor alumna, la más inquieta, la más crítica. Ella lo siguió tratando de usted, como quince años atrás lo había hecho en la Facultad; él continuó con el tuteo. La conversación es una verdadera pieza de antología.

Doctor, ¿qué está por hacer?

¿Qué te parece?

Pero ¡piénselo! No cometa una locura.

¿Y quién dijo que es una locura?

Bueno, seamos racionales. ¿No recuerda cuando usted nos daba esas clases sobre la depresión y el suicidio? Siempre decía que el suicidio tiene que ver con el deseo de matar a otro; que en realidad uno no se mata a sí mismo sino que está matando a otro. ¿A quién quiere matar, doctor?

Uy… ¡A tantos! Si te contara, María Inés…

A eso vine, a que me cuente. No tengo ningún apuro.

Bueno, conseguime un cigarrillo y te cuento.

En un santiamén la psicóloga-policía ya tenía un cigarrillo encendido que ofreció al potencial suicida. La escena se desarrolló en la cornisa, a más de 20 metros de altura.
Dale, fumate uno vos también, pidió el médico a su ex alumna.

En horas de servicio no fumo, gracias.

¡Pero qué bien portadita esta chica! Bueno, pero un cigarrito aquí, en estas alturas, no creo que sea mucha contravención de ninguna norma. Digamos que te lo pido como condición paro no tirarme, ¿dale?

Dubitativa, María Inés encendió uno. No fumaba habitualmente, por lo que las primeras aspiraciones la ahogaron un poco. Lo tomó como un acto de servicio.

Entonces, doctor: ¿por qué se quiere arrojar?

Uy, María Inés… ¡Es tan largo de contar!

Por algún lado hay que empezar, ¿no? Dele, lo escucho.

¿Vos alguna vez te sentiste defraudada?

Sí, claro.

Bueno, así me siento yo. Profunda, honda, radicalmente defraudado. Siento que me jodieron, que me estafaron.

¿Quién le hizo eso, David?, dijo María Inés, tratándolo por su nombre por vez primera en su relación.

¡La vida!

¿Cómo que la vida? ¿Qué significa eso?

Creo que vos lo podés entender, María Inés. No es nadie en particular; es… todo, las circunstancias, lo que a uno le toca vivir…

Hasta donde yo sé, David, a usted no le fue tan mal en la vida.

¿Y a qué te referís con eso? ¿A que no paso hambre? ¿A que tengo una casa y un auto a mi nombre? Bueno, sí: es cierto. No me puedo quejar en ese sentido, porque no tengo penurias económicas. O, al menos, puedo comer todos los días. Un médico psiquiatra judío nunca la masa mal, che… Bueno, en Argentina por lo menos. Pero ¿quién dijo que a uno no le va mal porque tiene un mediano ingreso?

Yo no me refería sólo a eso, David. Creo que usted es un tipo bien reputado, conocido, apreciado por mucha gente. No es sólo el nivel económico: es todo lo que pudo cosechar en su vida. ¿Le parece poco lo que logró?

¡No me hagas reír, María Inés!…, explotó en una espontánea carcajada el doctor. Decime, a ver: ¿qué conseguí?, inquirió provocativo.

Pues…, muchas cosas. ¿O acaso no tiene un lugar destacado en la profesión médica? ¿O acaso no tiene el respeto, la admiración diría, de muchos alumnos y colegas? Incluso hasta quienes lo adversan políticamente lo respetan. ¿Le parece poco todo eso?

Sos muy chica todavía, María Inés. Te falta mucho recorrido para entender ciertas cosas. ¿A vos te parece que por haber publicado un par de estupideces a uno le va bien en la vida? ¿Te pusiste a pensar quién se va a acordar de esas boludeces dentro de un tiempo, cuando yo me muera? ¡Nadie, absolutamente!

Pero, ¿cómo es la cosa, David? ¿Se siente defraudado porque no es famoso? ¿Porque no va a quedar en la historia como un grande, como Borges, como Cervantes, como Lenin?

¡No, piba! No te olvides que soy comunista, y que tengo ética de comunista… Nunca pensé sólo en primera persona. No es la gloria, el honor y las luminarias lo que persigo, che. Si te digo que me siento defraudado, no es porque no me gané el Premio Nobel.

¿Y qué lo defraudó entonces?, preguntó con una sonrisa benevolente la psicóloga-policía.

Te repito: la vida… Sé que es difícil de entender. Pero más difícil aún es explicarlo. ¿Cómo que la vida me defraudó?, te estarás preguntando. Bueno, sí… Lo que me fue pasando, las expectativas que nunca se cumplieron, los sueños esfumados…

¡Uy!, suena medio trágico todo eso. ¿Pero de verdad que le fue tan mal? Yo no lo creo, David…

Te repito, María Inés, y te lo digo casi como un padre hablándole a su hija (aunque, tengo que reconocerlo, cuando eras mi alumna te miraba no como hija precisamente…, sino como la más guapa de mis estudiantes).

¿De verdad, doctor? ¡Nunca me hubiera imaginado esto que me dice!

Bueno, sí… Pero eso no viene a cuento ahora. Lo que te quería decir, casi como padre, o como viejo que le habla a una joven, es que tenemos mucha distancia generacional, mucha, quizá demasiada, y vemos la vida de modo muy distinto. Además, no te olvides de esto María Inés, yo soy un militante comunista, y tengo principios que no voy a dejar hasta que me muera. Y eso hace que vea la vida de un modo muy particular.

¿Es eso lo que lo hace sentir defraudado?

Bueno, en cierta forma… sí. Me pongo a pensar a veces en lo que fue el esfuerzo de toda mi vida, en mis anhelos, en mis proyectos más importantes –que, por supuesto, no son comprarme la casa, el auto o la licuadora de último modelo– y me dan ganas de llorar, María Inés, ¡ganas de llorar!

Creo que ahora es más que ganas de llorar… Se trata de quitar la vida.

Es que… hay algo más todavía, quizá lo peor.

¿De qué se trata?

Como te darás cuenta, mi querida María Inés, lo que más me mueve no es la preocupación material, el vehículo de lujo o todas esas cosas que para mí, de verdad, son banales. Ni tampoco la sensación de fracaso personal que pueda tener. Me hubiera gustado, creo que como a cualquiera, no ser un tipo torpe, con pocas luces. Y sé que, aunque vos me digas lo contrario, soy un mediocre, uno más del montón, más bien tirando a tonto.

Usted es un tipo brillante, David. Y lo sabe. Publicó mucho, lo respetan.

¡Boludeces, mi querida! ¡Puras boludeces! Pasé toda mi vida simulando, haciéndome pasar por lo que no era… Quiero decir: vendí siempre la imagen de un intelectual profundo, sesudo, analítico. Y la verdad que no paso de un activista que siempre hizo, bastante irreflexivamente, lo que el Partido decía. Claro que, tenés razón, haciéndome pasar por un tipo brillante…

¿Por qué dice eso, David?

Porque es así, María Inés. Lo digo con amargura, más bien con resignación. Soy lo que soy, y no me da para más. Por ejemplo: creo que sabías que toco un poco el violín, ¿no?

Una vez nos lo contó en clase, sí.

Sí, como muchos judíos de mi generación de ascendencia europea, tocar el violín era algo común. Bueno, lo cierto es que nunca pasé de mediocre alumno. Siempre envidié a un primo mío que vive –o vivía, creo que murió– en Rusia, y llegó a ser un destacado concertista. Quizá lo escuchaste mencionar alguna vez: Boris Godúnov. Yo siempre fui un chapucero. Pero me resigné. No podía ser concertista y médico. Así que me dediqué a estudiar muy en serio la carrera de medicina, y el violín quedó como algo totalmente secundario. Bueno, con eso no tengo mayores problemas: nunca me consideré un violinista. ¿Me seguís?

Sí, claro. ¿Quiere otro cigarrillo?, ofreció inesperadamente María Inés. Ambos encendieron uno nuevo, con alguna dificultad por el viento que corría a esa altura. Mientras, la gente ya se había comenzado a agolpar abajo, y dos canales de televisión se aprestaban a registrar el hecho con varias cámaras y toda la parafernalia técnica de una transmisión de exteriores.

No es que estoy amargado porque no pude ser un virtuoso violinista. No, no, para nada, porque ni siquiera me lo planteé. Pero por el lado intelectual, ¡ahí sí que sufro!

El doctor Ulianowsky dio una profunda pitada a su cigarrillo, tomó aliento y continuó hablando, desatendiendo los gritos que desde la calle le comenzaban a dar los bomberos, alentándolo a arrojarse sobre una cama elástica que habían improvisado.

¿Cómo es eso, David?, preguntó con cortesía profesional María Inés, que a esta altura no sabía si estaba tratando con un paciente, con su ex profesor, con un adulto a quien le gustaba y de quien hubiera deseado ser cortejada más explícitamente, o con alguien a quien veía que admiraba cada vez más aunque no pudiera explicar por qué.

Es que…, es difícil decirlo, pero yo siempre fui un cero a la izquierda en términos intelectuales.

¡Pero si ha escrito mucho! Es conocido, tanto como psiquiatra como por sus escritos de análisis político. ¿No fue director del diario del Partido Comunista por muchos años?

Sí, sí…, es cierto. Pero nada de lo que escribí es trascendente, María Inés. Eran, en general, consignas bastante panfletarias. ¿Qué quedará de todo eso dentro de un tiempo? Nada de nada. Como mucho de lo que se escribe por ahí, mi querida: mucho, muchísimo de eso es pura cáscara. Yo no escapo a las generales de la ley.

Yo no diría lo mismo, David.

Bueno, será que todavía estás fascinada con tu profesor. O lo decís por puro cumplido. O –me inclino por esto último– es parte de tu buena intervención como psicóloga con un suicida en una situación bastante límite. Pero, ¡hablemos en serio María Inés!, y desde ya te digo que hacés muy bien tu trabajo: ¿de verdad vos podrías decir que todo lo que escribí por ahí vale? No, no…. ¡seamos sinceros! Quizá no es un desastre, pero no aporta nada nuevo, no pasa de hacer un poco más de ruido y acompañar lo que ya otros dijeron. ¿Qué cosa nueva aporté?

Bueno…, no todo lo que se escribe tiene que ser novedoso, original. Los análisis políticos suyos que leí por ahí siempre me parecieron muy buenos.

No mientas, m’hija. Vos nunca fuiste de izquierda, aunque eras muy inteligente y bien podrías haberlo sido. Por eso mismo, dudo que hayas leído alguna vez el diario del Partido. Y si leíste algo que te pareció de calidad –no lo niego categóricamente– eso no quiere decir que efectivamente fuera algo importante. Estaba bien presentado, bien maquillado me atrevería a decir, pero no más.

Me parece que es demasiado malo con usted mismo. Muy terminante.

Mirá, María Inés. Si querés tuteame, che. Para mí sería muy lindo que lo hicieras, aunque sea en una cornisa y a punto de tirarme al vacío... Bueno, te decía que más allá de cómo puedas verme vos, muchachita aún, yo soy un mediocre que pasó su vida disfrazado de intelectual profundo. ¿Por qué lo hice así? No te lo sabría explicar bien…. No sé. Por temor a mostrarme en mi mediocridad. Prefería presentarme como sesudo, profundo, seguramente para que nadie se diera cuenta que era un torpe.

Pero si usted… quiero decir: ¡pero si vos no sos ningún torpe! ¿De dónde sacaste eso?

Ay, María Inés… ¡Si te contara! Pero, la verdad que no quiero hablar de eso. A esta altura de mi vida ya no me vas a venir a convencer que no soy un boludo. De todos modos, lo que me frustra, lo que me quita las ganas de vivir, lo que me llevó a tomar esta decisión por la que ahora ambos estamos hablando en una cornisa a 25 metros de altura, es otra cosa.

¿Qué es, David?

Esa es la verdadera frustración, el tremendo dolor profundo que llevo adentro y que no sale, que me retuerce el alma cada día… Es lo que ya me tiene muerto en vida.

Pero, ¿a qué te referís, David?, y ambos encendieron su tercer cigarrillo, mientras las cámaras de televisión ya comenzaban a transmitir en vivo los incidentes de ese “gran espectáculo”, y los policías compañeros de trabajo de la psicóloga trazaban planes de contingencia, calculando, entre otras, la posibilidad de caer de sorpresa sobre el suicida, inmovilizándolo y reduciéndolo en la cornisa misma para evitar que saltara.

Después de décadas y décadas de militancia, de absoluta convicción en ciertos ideales, después de haber estado de hecho en la Unión Soviética viendo por dentro cómo era todo, hablando en ruso por cierto, años después, ya terminada la experiencia socialista, volví ahí, país ahora llamado Rusia, como turista. Eso fue hace poco, unos años atrás. Fui con mi esposa.

Aha….

¡Vos no te imaginás lo que fue eso! ¡El golpe terrible que me significó!

¿Qué pasó, David? Fue en ese momento que se escuchó sobrevolar el helicóptero, muy cerca de la cornisa donde se encontraban. Después se supo que no era tanto para desarrollar alguna tarea de salvamento o intervención humanitaria sino, fundamentalmente… ¡para filmar la escena desde lo más cerca posible! Una cadena internacional, incluso, estaba transmitiendo en vivo.

En Moscú visité viejos conocidos. Muchos de mis contactos de años atrás ya habían muerto. Creéme que no sólo de viejos, sino de tristeza. Y yo también casi muero de lo mismo. Si no me morí en ese momento, me quiero morir ahora.

Pero, en concreto, ¿qué pasó? ¿Qué viste?

¡Lo peor de lo peor! La decadencia. Vi de lo que somos capaces los seres humanos.

¿Con qué te encontraste? Dale, contá sin problemas…

¡No te imaginás! Muchos de los que antes eran dirigentes del Partido Comunista, gente que conocí personalmente y con quienes compartimos algún vodka en otro momento, ahora eran empresarios exitosos, deslumbrados por un reloj Rolex, por un Mercedes Benz lujoso, ¡por una hamburguesa Mc Donald’s! Sí, sí: así como lo oís, María Inés: ¡por una hamburguesa Mc Donald’s!
Debe haber sido un golpe muy fuerte, ¿verdad?

Terrible, realmente terrible… No te digo que todos los camaradas terminaron así, no. Por supuesto que no. Muchos, me consta, el día de hoy siguen luchando desde el llano, siguen firmes en sus convicciones, y están tan desesperados como yo, tan desesperanzados, agobiados...

….

La psicóloga-policía no tenía palabras. Secretamente, también se sentía acongojada. Tuvo que reprimir lágrimas que le afloraban y amenazaban con convertirse en torrente.

No termino de entender cómo se les esfumaron los principios tan rápidamente a muchos camaradas. O lo anterior era todo mentira, y de verdad no creo que haya sido, o lo que vi me obliga –¡nos obliga a todos!– a replantearnos cómo es eso de cambiar la historia, de hacer algo nuevo, de transformar la sociedad. ¡Puta que es difícil eso, che!

¿Acaso alguien había dicho alguna vez que era fácil?

No, claro que no. Pero lo que uno va viendo es lo terriblemente difícil que es remar contra la corriente. Se suponía que los camaradas de un partido que se llenaban la boca hablando de igualdad, de justicia y de fervor popular estaban ya vacunados contra estas cosas. ¡Y vemos que no es tan así!

¿Será que esto de creerse superior es algo natural, genético? No sé. Por supuesto que es difícil cambiar las cosas, ¡vaya novedad! ¿O no lo sabías?

Bueno, sí. Aunque nunca me imaginé que lo fuera tanto. Como te darás cuenta, todas estas cosas te tocan muy dentro, más aún cuando toda tu vida la destinaste a creer en ciertos principios. Todo esto te desarma las convicciones. O más que desarmarte, te obliga a replantearte muchas cosas. Creo que todos los que nos decimos de izquierda nos lo deberíamos replantear. ¿Qué antídotos efectivos hay contra esas vanidades, che? ¿Por qué pasó en la Unión Soviética, después en la China, y de pronto puede pasar también en Cuba? ¿Por qué fascinan el Rolex o el Mc Donald’s? ¿Me lo podés explicar, María Inés?

Yo no lo sé. Es más: nunca me lo planteé. Pero sos vos el especialista en estas cosas.

Aquí no hay especialistas que valga, querida mía. Si alguien lo supiera con exactitud, ya lo habría dicho. ¿Cómo nos vacunamos contra las veleidades? ¿Por qué nos fascinan tanto las frivolidades? ¿O será que estamos condenados a ser así de boludos? ¿Por qué nos sale con tanta facilidad ser tan pero tan superficiales?

No lo sé… ¿Será que es agradable la comodidad? ¿Vos qué pensás?

Yo apuesto con todas mis fuerzas a que eso no es una condena. Si no, no habría posibilidades de cambio, seguiríamos eternamente en la época de las cavernas. Porque, te lo digo convencido, no todos nos desvivimos por esas vanidades. A mí eso me pasa de costado, y como decís vos, soy un tipo “inteligente”. ¿O es de tontos no desvivirse por un reloj de oro? ¿No te parece demasiada pobre la vida si nos quedamos en esas banalidades?

Bien pensado, sí. Tenés toda la razón. Para muchos el mundo así debe ser, medido por esas cosas, el reloj de oro, el yate, etc., etc. Pero por supuesto podría ser de otro modo, y podría valer –o ¡debería valer!– más una charla como esta que estamos teniendo ahora, honesta y profunda, incluso en una cornisa con gente que nos mira desde abajo, que todo el oro del mundo. Claro que sí, te entiendo y comparto.

Pero hay algo más todavía, mi querida María Inés. Algo que fue la gota que hizo derramar el vaso.

¿Qué pasó?

En Moscú, circunstancialmente me topé con una película pornográfica, cosa impensable años atrás. Y era actor principal allí… ¡uno de mis nietos!

El helicóptero pasaba cada vez más cerca. En esos acercamientos, el ruido se hacía infernal y suicida y psicóloga tenían que dejar de hablar por unos momentos. Era allí cuando el camarógrafo hacía sus mejores primeros planos. Descubriendo eso, el doctor Ulianowsky no dudó un instante en sacarle la lengua a la cámara poniendo cara de ogro y haciendo señas con su mano derecha que iba a cortarles la cabeza.

¿Estás seguro?

¡Absolutamente! La sangre de la sangre es inconfundible. No sé si tendrás hijos, y si los tuvieras, seguro que vas a experimentar la misma sensación que te digo yo ahora: con un hijo, o con un nieto, uno siente lo que les pasa a ellos como si le sucediera a uno mismo. Era mi nieto menor, Daniel, de 19 años. Mi preferido. Como su madre, mi hija, era madre soltera y había muerto en ese accidente del avión hace muchos años, prácticamente lo criamos nosotros, mi esposa y yo.

Pero… ¿cómo está eso de actor porno?, preguntó sorprendida María Inés.

Bueno, ya te habrás dado cuenta que no soy un viejo moralista precisamente.

No, por supuesto. Hace un ratito me estaba enterando que te gustaba cuando eras mi profesor. Además, tengo que confesártelo, todo el mundo siempre supo que eras medio mujeriego. Y yo, más de alguna vez fantaseé que me ibas a mirar con ganas, y algo más…

¡¡Y recién ahora me lo decís!!... Bueno, pero eso es harina de otro costal, mi querida. Cuando uno está por suicidarse te aseguro que no piensa en esas cosas. En lo que pienso ahora, lo que me ronda la cabeza, lo único que me importa, y al mismo tiempo me conmueve hasta los huesos, es esto de mi nieto.

Pero ¿por qué te toca tanto?

¿Es que no lo entendés? ¡Eso es todo un símbolo! No soy un moralista, un viejo santulón del Opus Dei. Bueno, tampoco soy judío, nunca practiqué ninguna religión. Lo que quiero decir, María Inés, es que el tema del negocio de la pornografía es una de las más asquerosas expresiones del capitalismo. ¿Cómo llegar a hacer negocio del sexo? ¿Cómo puede mercantilizarse eso?

Bueno…, en el mundo capitalista todo es negocio. Todo, absolutamente. ¿Por qué no lo sería también el sexo?

Sí, claro. ¡Lamentablemente es así! Pero hay cosas que superan los límites. ¿Te parece que se puede vender la intimidad?

No sé…., ya es natural eso, ¿no? Cualquier pibe lo ve, lo compra… La industria porno es una de las que más crece, tengo entendido.

¡Y ahí está el problema! Todo se nos hace natural, todo termina aguándose… Es natural que alguien se muera trabajando 18 horas por día, o que un negro sea esclavo, o que una mina con minifalda y tacones sea puta. Es natural que en un jueguito de esos que usan ahora los pibes se vea cómo le cortás la cabeza a otro con total naturalidad y vuelen las tripas por el aire sin que nadie mueva un dedo… Es natural que se vendan órganos, se lancen bombas sobre los pobres cuando protestan, se invadan países… Y así también con la industria porno. ¡Pero no, che! ¿No te parece que es para reaccionar todo esto?

Sí, quizá sí…

No te veo muy convencida. Quizá soy un viejo loco que se quedó cincuenta años atrás. Así me lo han dicho muchas veces… ¡Pero creo que no es así, María Inés! Hay que reaccionar ante toda esta mierda. No es cuestión de viejos o de jóvenes: ¡esto no puede ser!

¿Y te parece que la mejor manera de hacerlo es tirándose desde un sexto piso?

No, por supuesto que no. Pero por lo menos esto puede ser una forma de protestar. Mirá, ahí están esas mierdas de los canales de televisión vendiendo la muerte, la sangre, el circo. ¿No te parece que se podría usar este momento para decir cuatro verdades, para decir por qué me quiero suicidar, y cambiarles un poco el guión?

Sí, claro. Pero… ¿cómo lo hacemos?

No sé. Conseguime vos una entrevista con ellos, dado que sos la policía encargada de venirme a rescatar. Deciles que es la condición que pongo para no tirarme.

¡Estás loco! Me matan primero. O dejan que te tires y lo filman con lujo de detalles. Eso no dejaría de ser un muy buen negocio.

Sí, es posible….

El silencio se hizo tenso, pesado, pese a la gritería de la gente que se había reunido abajo, a los gritos de los bomberos, de los otros policías, del público que pedía cualquier cosa (que se lanzara, o que no se lanzara), pese al helicóptero que seguía sobrevolando, a las sirenas de más vehículos que seguían llegando a la escena, a la algarabía de más de alguno que veía una fiesta en la situación … En medio de todo ese circo ensordecedor, el silencio que se había producido en el diálogo entre el doctor Ulianowsky y María Inés remedaba más bien el de un cementerio.

Che, ¿no querés otro cigarro?, fue todo lo que se le ocurrió decir a la psicóloga. Su papel de especialista en emergencias límites ya hacía tiempo que se había desdibujado, o desaparecido.

¿Y qué mierda hago ahora?, preguntó angustiado David. Yo no pensaba que esto iba a terminar de esta manera, con un helicóptero que me toma primeros planos como actor de Hollywood. ¿Me tendré que suicidar entonces?

¿Qué ganaríamos con eso?, agregó casi espantada María Inés.

¿Ganar? Bueno….., no sé. ¿Pero será que se trata de ganar? Tal vez, no sé… lograríamos que vos cuentes todo esto que te estoy diciendo. Que digas claramente por qué me quería suicidar. Quizá esa sería una forma de contar una historia no oficial, ¿no? Podríamos hacer un poco de ruido, mostrar que no todos se venden por una hamburguesa… ¡Mostrar que sigue habiendo ética!

Querido David, digo lloriqueando la policía-psicóloga. Me parece que te voy a decepcionar. Todo esto quedó grabado. Y si vos hablabas de mediocridad, la que en realidad fue una mediocre fui yo.

David se sintió golpeado. Fue como despertar violentamente de un sueño. No podía dar crédito a lo que escuchaba.

¿Y qué significa entonces que “quedó grabado”?

Bueno…, que tengo puesto un micrófono inalámbrico de alta fidelidad, y que todo lo que estamos hablando lo están escuchando ahora mis compañeros en el departamento vecino. ¡Incluso en el helicóptero! Seguramente, ¡está saliendo al aire!

¿Y? Total…, no dijimos nada inconveniente, ¿no?

No sé… Yo no hice mi trabajo como debía. Incumplí mi misión.

Yo no diría eso, María Inés. Lo hiciste muy bien. Creo que lograste lo que tenías que hacer. Creéme que ya no me quiero tirar.

Vos no, pero yo sí.

Dicho eso, sin dudas ganada por la culpa que le había generado la situación, se lanzó al vacío, y no hacia donde estaba la cama elástica precisamente.

Las cámaras captaron cada detalle de la caída. David, por un momento, quedó estupefacto, mudo, aterrorizado. Lentamente, ahora con pánico por la altura en que se encontraba y de la que recién en ese momento parecía tomar conciencia, arrastrando los pies y con toda la precaución del mundo, enfiló hacia la ventana por la que había salido. Dentro de la habitación lo esperaban varios policías y enfermeros.

Fue una desgracia. Cuando ya parecía que llegaba hasta los brazos de quienes lo esperaban, la punta de su pie izquierdo tropezó en el borde de la cornisa y cayó.

Según pude informarme, Daniel, el nieto, al saber del accidente, entró en una impotencia de origen psicológico de la que aún no se recupera. Por supuesto, no abandonó su carrera de actor porno. Ahora hace papeles de travesti.

¡Bailemos el mañana! No pierdas la aventura de Nechi Dorado, ANNCOL-CULTURA, esta mañana


(empiezo el año con una sonrisa, lo otro vendrá después, de todos modos...)
A mover las cachas, amigas/os!!!!!!


 

¡Bailemos el mañana!

Nechi Dorado, ANNCOL-Cultura

¡Ayyy mi madre!… uno que se pasa el día escuchando reguetón
cumbia, salsa, merengue, vallenato,
que le gusta la música de  murga. La que te hace mover
y olvidarte de la artrosis y de la osteoporosis.
Al menos  por un rato.

Uno que cuando escucha el sonido de bombos y redoblantes
aunque sea en  un acto militante
siente que los pies se escapan, se vuelven locos
se agitan y convulsionan.
Parecen querer escapar hacia el epicentro
del bochinche y giran dibujando garabatos locos
en el cemento frío.
Libres, libres, ¡!!!!!libres!!!!!!!!!

Yo, que había olvidado el ritmo del “cheek to cheek”
O baile del “cachetito” cuyo recuerdo apareció hoy
y no me alegró el día. No. No. ¡NOOOO!
Más bien me deprimió, me trajo recuerdos,
removió los cajones donde tengo guardado el ayer
ocupando su verdadero espacio: el del ayer.
Ya fue, hermana, hay que enterrarlo, dejarlo descansar.
Ya fue.

Yo vivo el hoy. Hasta me animo a decirte que
vivo con ganas el mañana
y es más, hasta creo conocerlo. O imaginarlo, al menos.
Y hasta ensayo un saludo para cuando llegue:
“buenos días mañana, yo te abrazo”

Hoy una  amiga muy querida me mandó una secuencia
de fotos en power point
con imágenes de ese ayer encajonado por mí.
Te juro que el efecto que recibí al verlo fue demoledor.
Si.
Fue un cajonazo que me despedazó el disco rígido interno.
El correo adjunto tuvo la fuerza de un malware largando
un batallón de ejércitos espías hasta hacerme colapsar el sistema
que se me cayó.
Como se me cayeron las carnes: los párpados,  las mejillas, las tetas, las nalgas,
Como se me cayó todo.
Hasta sentí millones de bolitas
De naftalina rodando por mi cuerpo que se helaba
de repente. ¡cheek to cheek!
Me agobió la más cruda realidad.
Yo bailé “cachetito, ergo ¡Estoy vieja!

¡Cómo no me va a deprimir si
hoy, para bailarlo debería apelar a la buena voluntad
de mi perro Piltrafa
Y anda con un aliento medio denso, hace unos días.

Nací anticonvencional, viví a contra marcha,
arremetiendo al tiempo y a lo que llaman destino
como para conformarnos de las cosas que nos pasan.
Y tratan de que comprendamos el “que vamos a hacer,
es el destino”
¡M’a qué destino, hermana! A la imposición la disfrazaron de destino.

¡Pasó el tiempo, que lo parió! ¡Qué-lo-reparió!
Pero nada de “baile del cachetito”, desde hoy
en mi reproductor agregaré a lo antes mencionado,
la “Cumbia filosófica”.
Se baila libre, con tu propio ritmo, como quieras.
Que descanse su sueño el ayer que existió
pero es ayer.
Y hoy es hoy.
Y yo quiero llegar a ser mañana…
Alegre y divertida, sin histerias, sin calmantes, bebiéndome la vida
Día a día.


¡No pierdas. . . !

Bailando mejilla con mejilla M CH (viene anexado en archivo de Powerpoint o entra y descarga en el siguiente enlace):

Los Wikipedia - Cumbia Filosófica






martes, 8 de enero de 2013

Calle 13: Tu no puedes comprar y la Orquesta Simón Bolívar


Calle 13 y la Orquesta Simón Bolívar 







“Latinoamérica”



Soy, soy lo que dejaron
 Soy toda la sobra de lo que se robaron
 Un pueblo escondido en la cima
 Mi piel es de cuero
 Por eso aguanta cualquier clima

Soy una fabrica de humo
 Mano de obra campesina para tu consumo
 Frente de frío en el medio del verano
 El amor en los tiempos del cólera mi hermano

El sol que nace y el día que muere
 Con los mejores atardeceres
 Soy el desarrollo en carne viva
 Un discurso político sin saliva

Las caras mas bonitas que he conocido
 Soy la fotografía de un desaparecido
 La sangre dentro de tus venas
 Soy un pedazo de tierra que vale la pena

Una canasta con frijoles
 Soy Maradona contra Inglaterra
 Anotándote dos goles
 Soy lo que sostiene mi bandera
 La espina dorsal del planeta es mi cordillera

Soy lo que me enseño mi padre
 El que no quiere a su patria
 No quiere a su madre
 Soy América latina
 Un pueblo sin piernas pero que camina

Tu no puedes comprar el viento,
 Tu no puedes comprar el sol
 Tu no puedes comprar la lluvia,
 Tu no puedes comprar el calor
 Tu no puedes comprar las nubes,
 Tu no puedes comprar los colores
 Tu no puedes comprar mi alegría,
 Tu no puedes comprar mis dolores

Tengo los lagos, tengo los ríos
 Tengo mis dientes pa' cuando me sonrío
 La nieve que maquilla mis montañas
 Tengo el sol que me seca y la lluvia que me baña

Un desierto embriagado con peyote
 Un trago de Pulque para cantar con los coyotes
 Todo lo que necesito
 Tengo a mis pulmones respirando azul clarito

La altura que sofoca
 Soy las muelas de mi boca mascando coca
 El otoño con sus hojas desmayadas
 Los versos escritos bajo la noche estrellada

Una viña repleta de uvas
 Un cañaveral bajo el sol en un cuba
 Soy el mar caribe que vigila las casitas
 Haciendo rituales de agua bendita

El viento que peina mi cabello
 Soy todos los santos que cuelgan de mi cuello
 El jugo de mi lucha no es artificial
 Por que el abono de mi tierra es natural

[Coro:]

 Tu no puedes comprar el viento,
 Tu no puedes comprar el sol
 Tu no puedes comprar la lluvia,
 Tu no puedes comprar el calor
 Tu no puedes comprar las nubes,
 Tu no puedes comprar los colores
 Tu no puedes comprar mi alegría,
 Tu no puedes comprar mis dolores

Trabajo bruto pero con orgullo
 Aquí se comparte, lo mio es tuyo
 Este pueblo no se ahoga con marullos
 Y si se derrumba, yo lo reconstruyo

Tampoco pestañeo cuando te miro
 Para que te acuerdes de mi apellido
 La operación cóndor invadiendo mi nido
 Perdono pero nunca olvido

Vamos caminando
 Aquí se respira lucha
 Vamos caminando
 Yo Canto porque se escucha

Vamos dibujando el camino
 Estamos de pie
 Vamos caminando
 Aquí estamos de pie




Gustavo Dudamel hizo bailar a 33 presidentes en la Cumbre de Estados 

Latinoamericanos y el Caribe


A las puertas de la mitología

Por William Ospina / Lunes 7 de enero de 2013

Uno de esos grandes enemigos del imperialismo es Hugo Chávez. Por ello, aunque nadie pueda atribuirle crímenes como los que manchan las manos de tantos poderes en el mundo, para muchos opinadores y medios es un dictador y un tirano. 

Alguna vez le pregunté a García Márquez si no había sido muy difícil ese momento en que buena parte de la intelectualidad latinoamericana rompió con la Revolución cubana, y sólo él y unos pocos siguieron siendo sus amigos.

Gabo no respondió con una teoría sino con algo más visceral: “Para mí, dijo, lo de Cuba fue siempre una cuestión caribe”. A mi parecer, ello quería decir que no se trataba de marxismo o teorías revolucionarias sino de la lucha de un pueblo por su soberanía y su cultura frente al asedio de unos poderes invasores.

Los gobiernos de Estados Unidos, que compraron la Florida y se robaron a México, que se apoderaron de Puerto Rico y separaron a Panamá, se habrían anexionado con gusto la hermosa isla de Cuba si ésta no hubiera sido siempre tan irreductible en su rebeldía y tan firme en su resistencia.

Ya en Martí estaba todo lo que haría de Cuba un país tan celoso de su independencia. García Márquez, que conoce las felonías del “buen vecino” porque desde niño supo de la masacre de las bananeras en la plaza de Ciénaga, comprendió que era vital mantener a raya el afán hegemonista de aquel país que respeta tanto la ley dentro de sus fronteras y la ignora tanto fuera de ellas.

La de América Latina ha sido la historia de esa saludable tensión ante los poderes del norte. Hace poco visité en el norte de México, en Ciudad Juárez, el Museo de la Revolución. Nada me impresionó tanto, más incluso que el cráneo de vaca sobre una mesa bajo la fogosa luz del desierto, que una fotografía donde la sociedad de El Paso, Texas, caballeros con sombrero de copa y damas floridas con trajes ensanchados por miriñaques, presenciaba desde la orilla del río Grande, como en picnic, la lucha al otro lado de la frontera, donde hombres de grandes sombreros y dobles pistolas se alzaban contra la dictadura. La viva imagen de una sociedad del bienestar que se entretiene con el espectáculo de tragedias ajenas, esperando el momento de entrar en acción para beneficiarse de los resultados.

La mejor manera de admirar, de respetar y honrar a los Estados Unidos, es temerles, y no llamarse a engaños sobre ellos. Para ellos somos otro mundo: materias primas, selva elemental, inmigrantes, gobiernos que se sometan y firmen sin demasiadas condiciones los contratos. Y aquí nadie los ama tanto como los que se benefician de esos contratos.

Muchos medios del continente han hecho un gran esfuerzo por convertir a los contradictores de Estados Unidos en los grandes equivocados. Lo han intentado con Cuba y más recientemente con Venezuela, hasta el punto de que sus elecciones victoriosas son elecciones siempre sospechosas. No importa que en Colombia compren votos o arreen electorados bajo promesas o amenazas: esta democracia nunca está bajo sospecha. No importa que los paramilitares produzcan en diez años doscientos mil muertos en masacres bajo todas las formas de atrocidad: la democracia colombiana sigue siendo ejemplar, porque los poderes de la plutocracia siguen al mando. Pero si alguien es enemigo, no de los Estados Unidos sino de los abusos del imperialismo, eso lo hace reo de indignidad.

Uno de esos grandes enemigos del imperialismo es Hugo Chávez. Por ello, aunque nadie pueda atribuirle crímenes como los que manchan las manos de tantos poderes en el mundo, para muchos opinadores y medios es un dictador y un tirano. Yo creo que ha sido un gran hombre, que ha amado a su pueblo, y que ha intentado abrir camino a un poco de justicia en un continente escandalosamente injusto. Para ello ha sido duro con los dueños tradicionales del país y eso no se lo perdonan. Ya se lo perdonarán: cuando adviertan que todo lo que se haga a favor de los pueblos siempre postergados, tarde o temprano fructifica en sociedades más reconciliadas consigo mismas.

Un amigo me decía hace poco que un hombre que se hace reelegir tres veces es enemigo de la libertad. No comparto esa idea restringida de la democracia. La reina Isabel de Inglaterra, que no fue elegida por nadie, lleva sesenta años, es decir, para nosotros, toda la historia universal, como soberana de su tierra, y no veo a nadie protestando contra ese abuso. En Colombia llevamos doscientos años reeligiendo al mismo tipo con caras distintas pero con exactamente la misma política. El único un poco distinto era Álvaro Uribe, sólo porque era un poco peor. Pero el problema no son los hombres sino las ideas que gobiernan, y a Colombia la gobiernan las mismas ideas desde las lunas del siglo XIX, y la consecuencia catastrófica se ve por todas partes.

Si fuera necesario convocar a nuevas elecciones, lo más probable es que las mayorías chavistas sean más grandes aún que en las elecciones pasadas, que ya se celebraron sin su presencia.

Y tal vez nos será dado asistir al paso de Chávez de la historia a la mitología, a la novelesca mitología latinoamericana, de la que forman parte por igual María Lionza y José Gregorio Hernández, Rubén Darío y José Martí, Carlos Gardel y Eva Perón, Martín Fierro y Jorge Eliécer Gaitán, Simón Bolívar y Túpac Amaru, Frida Kahlo y Pablo Neruda, Eloy Alfaro y Salvador Allende, el Che Guevara y Emiliano Zapata, Vargas Vila y Jorge Luis Borges, Benito Juárez y Morazán, Pedro Páramo y Aureliano Buendía.

Una mitología de la que hoy tal vez sólo tenemos vivos a Fidel Castro y a Gabriel García Márquez.


Max Weber y la Universidad del Magdalena

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Max Weber y la Universidad del Magdalena

Por Jorge Enrique Elias Caro, Msc, Phd.D
Profesor Universidad del Magdalena 

En la historia reciente de la Universidad del Magdalena han acaecido muchas cosas anómalas que, a la luz de lógica racional, sólo se presentan en sociedades bárbaras en acciones y débiles de mente. Ante hechos absurdos permanentes de amenazas de muerte, castración de la democracia participativa, acosos laborales, persecuciones políticas, intimidaciones, nepotismo, corrupción, violación de derechos fundamentales, obstaculización de funciones para el cumplimiento de deberes y obligaciones, decisiones poco académicas más inclinadas por las vísceras que por la cabeza, entre otros males que quejan a la educación superior colombiana, he intentado comprender ¿por qué se presentan estos viles y aberrantes casos en esta casa de estudios?.
Como historiador, y sin querer acudir a los fáciles atajos que brindan los historicismos, analicé en profundidad la historiografía de la época colonial para ilustrarme de algunas facetas que ocurrieron en ese tiempo, pues considero que la cuna del mal parte desde ahí, y que a pesar de haber transcurrido más de doscientos años aún se mantienen vigentes-, ya que varias de las lecturas que hice fueron escritos en su mayoría en el dieciochesco y se colocaron en práctica cuando entró la República en la centuria decimonónica; no obstante, han presentando su mejor desenvolvimiento para los siglos XX y XXI. La bibliografía revisada estaba ligada a una diversa literatura proclive a la educación liberal, en especial a los cursos de las ciencias legislativas, constitucionales y políticas, entre estas obras podemos citar la Deontología y la legislación de Jeremías Bentham; Moral Universal del Barón Paul Henri de Holbach, Las Ruinas de Palmira de Constantino Francisco Chassebeuf, Conde de Volney, y El Contrato Social de Jean-Jacques Rousseau.
En estas lecturas encontré muchas respuestas que me faltaban completar para entender lo que pasaba no sólo en la Universidad sino en la sociedad magdalenense, sin embargo, aún tenía muchos vacíos teóricos, conceptuales y metodológicos de la fenomenología tipificada, hasta que leí algunos postulados filosóficos y sociológicos que fueron concebidos a fines del siglo XIX y en los albores de la pasada centuria. En ellos encontré aún más, y mejores respuestas. Estas en gran proporción las proveyó el alemán Max Weber, aunque no debo dejar de lado las enseñanzas que me dejaron Historia de la locura en la época clásica y el célebre libro Vigilar y castigar, ambos del teórico social francés Michael Foucault; Los bienes terrenales del hombre del socialista norteamericano Leo Huberman; Historia y crítica de la opinión pública, Problemas de legitimación en el capitalismo tardío y la obra Conciencia moral y acción comunicativa, todas del filosofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, entre otros, que en suma hicieron tuviera un panorama más amplio y claro de las cosas.
Al analizar los escritos de Max Weber sobre la Universidad Alemana de comienzos del siglo XX, en especial El Poder del Estado y la dignidad de la vocación académica, da cuenta de las relaciones Universidad-Estado, los fundamentos de la libertad académica, la responsabilidad de los profesores universitarios y las normas que rigen la conducta de los hombres de ciencia; aspectos que por su tono de redacción inducen a una indignación moral y de vindicación ética de la autonomía de la ciencia ante la intromisión de los intereses politiqueros y mezquinos de algunos particulares en su afán de enriquecerse a costa de las instituciones de educación superior.
Su problematización estaba centrada en la manera de cómo veía a la educación y a la ciencia, y éstas según Weber, eran una vocación orientada para generar el progreso de los pueblos, pero además impregnada de honestidad personal, probidad intelectual y cargada de buena política; de ahí su otro escrito célebre, El sabio y el político. Weber, entre líneas deja ver claramente que el nombramiento de rectores y profesores sin el cumplimiento de los requisitos intelectuales y legales, con poca calidad ética o con el desconocimiento total del concepto de comunidad académica, son un exabrupto y falta a la ética del docente.
Esto que pasa actualmente en la Universidad del Magdalena es lo mismo que experimentó Max Weber hace más de un siglo, cuando a los docentes en Europa por expresar sus ideas y hacer acciones políticas en derecho y con derecho en contra de administraciones putrefactas y de regímenes tiránicos, se les cuestionó, vilipendió, acosó, los recluyeron en prisión e incluso se les asesinó, sencilla y llanamente por atreverse a creer en la filosofía del contenido de lo que estaba escrito en las normas y ser libre pensadores, o en pocas palabras, ser críticos en sentido estricto del término académico. Al tenor de lo anterior, la existencia y aplicabilidad de la crítica académica en un docente es la que genera probidad intelectual, honestidad personal y política seria para un científico, un académico y por supuesto, para un sabio.
Por eso, en las esferas de la enseñanza y de la ciencia poco sirve la raza, el pensamiento político o la religión del docente, lo que importa es su vocación, su anhelo de estar con sus alumnos, el amor por la institución que lo acoge, su experiencia y su experticia y ante esto, dedicarse a su especialidad y ofrecer a los estudiantes un buen producto de sus estudios, desvelos, sacrificios y prácticas científicas, al margen de cualquier pasión política, asociativa o democrática participativa es lo que verdaderamente importa.
Los actos arbitrarios que se han cometido recientemente en la “Universidad” han conllevado a que de universidad lo único que tiene es el nombre, ya que es poco académica y la expresión del docente es mutilada y la criticidad no encaja para la generación de nuevo conocimiento; sólo impera “el honor” castrense y los valores vinculados a la tradición medieval, es decir, los que están conmigo y piensan como yo, “son mis amigos”, y los que me contradicen y piensan diferentes “son mis enemigos”, y por eso, debemos callarlos y/o acabarlos.
Estos dos bandos fomentan un duelo al estilo de los espadachines de las cruzadas, unos que abogan por la defensa de “Dios” y otros por la defensa del “Diablo”, es decir, para unos del bien y para otros del mal. Sólo que el malo en esta Universidad no es el que hace el acto delictivo, de corrupción, de nepotismo, de incumplir las normas internas, de hacer acosos laborales, de perseguir políticamente, de castrar la democracia, de intimidar, de generar temor a través de hechos criminales, etc., sino es el que denuncia la ilegalidad, el atropello, la barbarie y por supuesto, el que se arriesga a sentir, pensar y hablar, o sencillamente, se atreve a ser un docente.
Ante esto, no pretendo ser el Max Weber que con su conciencia, temple y carácter escribía airados pronunciamientos y/o comunicados en contra de los directivos y del sistema universitario alemán, o con su punzante crítica logró obtener grandes objetivos no sólo para la Universidad alemana, sino “Universal”, la cual estuvo depositada en beneficios científicos, difusora de ética y responsabilidad intelectual y multiplicadora de los valores docentes más preciados. Por eso, a los violentos y promotores de una universidad poco crítica, participativa y académica, les digo
NO ME CALLARÉ, NO ME VOY y AQUÍ ME QUEDO.
Publicado por ADHILAC Internacional © www.adhilac.com.ar

Fronteras nacionales, descolonialiad y memoria: Perspectivas y desafíos. II Parte





Fronteras nacionales, descolonialidad y memoria: Perspectivas y desafíos

Parte II

Por Horacio López.
En cuanto a la colonialidad del saber, en el campo de la Historia, estamos en una batalla contra esas producciones gestadas desde la herencia colonial. En estos tiempos de Bicentenarios hemos levantado lanzas contra aquellos que subsumen la guerra de independencia en fenómenos más amplios como la revolución liberal burguesa en España. El historiador colombiano Medófilo Medina, en un artículo inédito titulado “Consideraciones en torno al paradigma de François Xavier Guerra sobre las Revoluciones Hispánicas”, señala que François Xavier Guerra “asume los eventos ocurridos entre 1808 y1824-1825 como un proceso único entendido como la crisis de la Monarquía Hispánica que condujo a una transformación en sus dos pilares: la Península y América.”1 O el llamado “ciclo de revoluciones atlánticas” definido por historiadores europeos y norteamericanos como Jacques Godechot y Robert Palmer. En las obras de ambos autores ocupan un lugar central la investigación y la argumentación sobre las revoluciones y otros eventos de cambios políticos que se desarrollaron en los cuatro últimos decenios del siglo XVIII y los primeros del XIX. Si bien la revolución en Hispanoamérica no es objeto de la preocupación principal de estos historiadores, sí está incorporada en el modelo, así sea de manera sintética.
En 1947 Godechot publicó el libro Histoire de l´Atlantique,2 en el que en escala de larga duración aborda al océano Atlántico como sujeto y escenario de acontecimientos y procesos históricos. En otra escala temporal Godechot aborda en Les Révolutions (1770-1799) la revolución asociada a una época y a dos espacios geosociales: Europa y los Estados Unidos.3 En la misma perspectiva este autor extiende su análisis al período comprendido entre 1800 y 1815: L´Europe et l´Amérique à l´époque napoléonienne (1800-1815).4
El historiador norteamericano Robert Roswell Palmer, en su obra The age of democratic revolution,5 concibe la Revolución norteamericana y la Revolución Francesa como movimientos pertenecientes a la misma serie de eventos históricos, de la cual serían momentos culminantes pero no únicos. En verdad, Palmer construye un panorama del desarrollo de lo que con su correspondiente acento político-ideológico se ha denominado la civilización liberal de Occidente.
Cuando se dice que Mayo de 1810 en Buenos Aires no hubiese sido posible sin la invasión francesa a España, se está subestimando, creo, la dinámica propia del cambio, y se está poniendo el centro en un hecho europocéntrico.
Entre las deconstrucciones que se han venido produciendo en los últimos años en todas partes del mundo, figura como una de las contribuciones fundamentales, como afirma Edgardo Lander, “el cuestionamiento de la historia europea como Historia Universal.”6
Historia europea como una Historia Universal que no contempla, por ejemplo, a la revolución haitiana como la primer revolución antiesclavista triunfante en el mundo, la primera declaración de independencia y constitución de una República en Nuestra América el 1º de enero de 1804. Frente a las limitaciones eurocéntricas, coloniales y esclavistas de las revoluciones de Estados Unidos y de Francia, la Haitiana se erigió como el primer proceso transformador que se propuso seriamente llevar adelante la universalización de los Derechos del Hombre y de los principios de Libertad e Igualdad.7¡
¿A qué se debe esta indiferencia historiográfica?, se pregunta Martínez Peria en su Introducción a su investigación titulada ¡Libertad o Muerte! Historia de la Revolución Haitiana. La respuesta la da el propio autor al citar al antropólogo haitiano Michel Rolph Trouillot, quien sostiene que “dicho proceso revolucionario, aun en el momento mismo de su desarrollo, era para la cosmovisión racista del mundo occidental ‘impensable’, porque aquellos que lo llevaban adelante eran esclavos negros”.8 Porque para esa Historia, obviamente -esto lo digo yo- , los negros no hacen revoluciones.
Debemos pues descolonizar las categorías de la Historia, o sea no desplegar nuestra propia Historia con categorías europeas. ¿Por qué atenernos a la convencional periodización europea dividiendo la Historia en Antigua, Medioevo, Moderna, Contemporánea?¿Por qué no inventar nuestra propia periodización?
Lo hizo el historiador argentino nacionalizado chileno, marxista y de profunda identidad nuestramericana, Luis Vitale. En su trabajo Introducción a una teoría de la Historia para América latina, partiendo de la base de la necesidad de un enfoque totalizante para esbozar una nueva periodización de la historia de Latinoamérica, propone los siguientes períodos:
1º) Pueblos cazadores, reproductores; más de 50.000 años AnE.
2º) Modo de producción comunal; 5000 años AnE. 3º) Transición hacia las formaciones de las sociedades Incas y Aztecas; 1000 años AnE. 4º) Formaciones sociales Incas y Aztecas y Modo Producción comunal tributario. 5º) Formación social Colonial. 6º) Revolución Anticolonialista, hasta la formación de naciones formalmente independientes; 1804-1860.
7º) Formación social capitalista primaria exportadora; 1860-1890.
8º) Formación social semicolonial I en los inicios de la fase imperialista; 1890-1930. 9º) Formación social semicolonial II; de 1930 en adelante.
10º)Se inicia la nueva fase con periodo de transición al socialismo (Cuba).9
Estaríamos en esta última fase, incluyendo todas las luchas y cambios ocurridos en la segunda mitad del siglo XX y las experiencias actuales en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.
Pero si pensamos la Historia desde la lucha de los pueblos y los procesos revolucionarios, si cualificamos desde el punto de vista de las rupturas producidas por cambios profundos y revolucionarios, podríamos construir una subperiodización desde el inicio del nivel 6º) de Vitale, no ateniéndonos a los Modos de Producción sino a las rupturas políticas y sociales:
1º Subperíodo: 1804-1826/ 2º: 1826-1898 la guerra independentista en Cuba/ 3º: 1898-1910, rev. mexicana/ 4º: 1910-1959/ 5º: 1959-1999 (Cuba, Chile en los 70, Nicaragua 79, Chiapas 94)/ 6º Periodo: 1999 hasta nuestros días. Aquí entran los procesos en Venezuela, Bolivia, Ecuador (las revoluciones bolivariana, ciudadana, indígena).
Estas subperiodizaciones no significan santificar la concepción unilineal y unidireccional de evolución que, como nos dice Aníbal Quijano en Don Quijote y los molinos de viento en América Latina, el eurocentrismo enseñó a pensar desde fines del siglo XVII10, sino utilizando categorías como la de articulado o multilineal, lograr una concepción reticular, de entramados nodales dialécticamente influenciables unos por otros: La influencia de Venezuela en el continente, por ej., o la de Bolivia sobre otros países hermanos con población indígena; la influencia de las democracias como la argentina, ecuatoriana o brasileña sobre Honduras, por ejemplo.
Creo que la característica común entre el 1º y 6º subperíodos – o sea entre 1804-1826 y 1999 hasta nuestros días - es la Revolución Continental como objetivo estratégico.
1 Medófilo Medina, “Consideraciones en torno al paradigma de François Xavier Guerra sobre las ‘Revoluciones Hispánicas’”, artículo inédito.
2 Jacques Godechot, Histoire de l´Atlantique (París: Bordas, 1947).
3 (París: Presses Universitaires de France, 1963). Hay traducción al castellano: Las revoluciones (1770-1799) (Barcelona: Editorial Labor, 1981). Un poco antes, este autor había publicado un extenso análisis sobre la difusión de la Revolución Francesa en Occidente, La grande nation: l´expansion révolutionaire de France dans le monde de 1789 à 1799, 2 vols. (Paris: Aubier, 1956).
4 (París: Presses Universitaires de France, 1967). Hay traducción al castellano: Europa y América en la época napoleónica (1800-1815) (Barcelona: Editorial Labor, 1969).
5 Robert R. Palmer, The age of democratic revolution, 2 vols. (Nueva Jersey, Princenton University Press, 1959-1964). Antes de este libro, Palmer había publicado un artículo en el que hablaba por vez primera de la “revolución democrática de Occidente”, “The world Revolution of the west: 1763-1801”, Political Science Quaterly, 69.1 (1954): 1-14. Para un comentario sobre el paradigma interpretativo de Palmer cf. Edoardo Tortarolo, “Eighteen-century Atlantic history old and new”, History of European Ideas, 34.4 (2008): 369-374.
6 Edgardo Lander, “Ciencias Sociales: saberes coloniales y eurocéntricos” en Eduardo Lander, compilador, La colonialidad del saber, ediciones CICCUS, CLACSO, Buenos Aires, 2011, p. 16.
7 Juan Francisco Martínez Peria, ¡Libertad o Muerte! Historia de la Revolución Haitiana, Ediciones del CCC, Buenos Aires, 2012, contratapa.
8 Ibid., p. 12.
9 Luis Vitale. Introducción a una teoría de la Historia para América Latina. Buenos Aires, 1992, Editorial Planeta, p. 66.
10 Aníbal Quijano, Don Quijote y los molinos de viento en América Latina, PDF, p. 3.